Gato por liebre

por La hora del escarnio


Robby Ospina – @robbyao

Colombia no es un país democrático. Es cierto que se celebran elecciones para Congreso y Ejecutivo desde 1857 y que, en términos generales, contamos con instituciones electorales fuertes y de amplia trayectoria (como la Registraduria y el Consejo Electoral). Incluso, es una verdad histórica aquella frasecita de cajón con la que algunos militares y políticos de derecha defienden el statu quo: en la vida política del país no existen dictaduras.

Sin embargo, estamos lejos de eso que los teóricos de la política entienden por democracia. En palabras sencillas, una organización política en la que sólo existe una legislatura y en la que los conflictos entre los actores sociales se resuelven por medio del diálogo. Claro, esa es un definición básica o, en como suelen denominarle los expertos, una concepción minimalista de la democracia. Pero trabajemos desde ahí, para no complicar las cosas.

Igual, Colombia se raja.  Primero porque no existe una legislatura común para todos los ciudadanos. Lo que quiere decir que ciertos derechos que tiene el hombre de tez blanca no existen para el afro o que los militares gozan de más privilegios que, por ejemplo, los profesores o las amas de casa.

Voy a ser más específico.

Aquí un militar se pensiona a los 50 años en promedio, mientras que, digamos, un carpintero sigue rebuscándose la comida hasta el día de su muerte. Esto porque con la reforma al sistema pensional, – ley 100 de 1993 -, los servidos públicos quedaron por fuera del régimen común de seguridad social. Palabras más, palabras menos, unos tienen más privilegios que otros. Es decir, no existe esa Ley Única requisito para la democracia.

Otro tema son los impuestos. Paradójicamente, como ha señalado Salomón Kalmanovich, en este país el rico no paga más tributos que el pobre. Todo lo contrario, las personas de bajos recursos contribuyen más que las de altos ingresos. Esta perversa dinámica económica, que se sustenta en otra debilidad legal, es una de las causas de las asimetrías sociales del país.

En un Estado democrático, el rico daría más dinero que el pobre o por lo menos la misma proporción respecto de su renta. Pero en Colombia las cosas no funcionan así.

Si además de privilegios hay violencia, el Estado es aún menos democrático. Y este, lamentablemente, es nuestro caso. Así que dejémonos de vainas: en Colombia no hay democracia. A pesar de que existan partidos políticos, Ejército, división de poder, Congreso… Y esa larga lista de atributos de fachada que sacan a relucir aquellos que tratan de meternos gato por libre.

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