A qué le apuesta el gobierno Santos

por La hora del escarnio


Lo peor que le ha podido pasar a las FARC es que Juan Manuel Santos llegará a la presidencia de Colombia y, por ende, se convirtiera en el primer comandante de las fuerzas militares. Diplomático, inteligente y políticamente correcto pueden ser los adjetivos para definir al presidente Santos, un hombre que desde llegó al cargo más importante del país aún no ha destapado sus cartas frente a cómo va encarar el problema de la guerra y la paz.

En Colombia, dentro de las prioridades del Presidente está decidir entre implementar la vía armada o recurrir a los diálogos de paz para erradicar la violencia de los grupos armados ilegales. Por ejemplo, Belisario Betancur  le apostó a la negociación y logró suscribir acuerdos de paz –aunque sin éxito alguno– con los grupos guerrilleros; Virgilio Barco, por el contrario, recurrió a una lucha armada contra los grupos alzados en armas y el narcotráfico; Gaviria, por su parte, suscribió acuerdos de paz con el EPL pero decidió enfrentarlos a las FARC por la vía armada; Samper empezó los procesos de paz, pero su investigación por recibir dineros del narcotráfico no lo dejó continuar con la negociación; recientemente recordamos la “silla vacía” de Pastrana y su fallida zona de despeje en el Caguán; y a Uribe con la política de seguridad democrática en una guerra declarada contra las FARC.

Eso es más o menos un panorama de los últimos 30 años en materia de seguridad y defensa. Ahora, si nos fijamos en los 2 años que va del gobierno Santos no encontramos certeza alguna sobre cual es su intención: si apostarle a la lucha armada, aprovechando el debilitamiento de las FARC, o entrar en un proceso de negociación, teniendo en cuenta la caída de los grandes líderes guerrilleros.

En este último tiempo han ocurrido hechos que han sembrado incertidumbre en ambos actores del conflicto– más aún en la guerrilla que ha sufrido bajas significativas– porque mientras el gobierno aún no muestra sus reales intenciones, las FARC, mientras se preguntan cuál es el objetivo del Estado, atacan a una población indefensa.

Sin embargo cabe la pregunta de si las FARC, luego de la reciente operación militar que dejó 35 bajas en la guerrilla, seguirán con la idea de las liberaciones. Un duro golpe que podría reversar la idea de la guerrilla de liberar a 4 militares y 5 policías los primeros días de abril.

Los anuncios de liberaciones vienen y van, el gobierno no rechaza de plano sentarse a negociar pero ambos atacan cuando saben que pueden atestar un golpe duro. Por momentos parece que la guerrilla está jugando con el gobierno, pero de pronto el ejército da de baja a miembros de la guerrilla. Respuestas van de parte de unos y otros; es claro que las FARC buscan atacar más población y así enviar el mensaje de que no están vencidos, ni siquiera reducidos, pero la pregunta, que no ha dejado vislumbrar el futuro del país en materia de seguridad, es ¿a qué le apuesta el gobierno Santos?

Santos es el presidente más peligroso para las FARC, debido a que no rechaza de plano sentarse a negociar pero ataca cuando sabe que puede atestar un golpe duro; sin embargo esa incertidumbre ya ha cobrado muchas vidas inocentes. Pareciera un capítulo de la Crisis de los Misiles. Es momento de dejar la diplomacia a un lado y empezar a buscar una salida a un conflicto que parece no tener final cerca.

Néstor Peña

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