Una teoría descabellada sobre la inseguridad en Venezuela

por La hora del escarnio


Otra vez las especulaciones sobre la enfermedad de Chávez invaden los periódicos y canales de noticias del mundo. Hace siete días que no aparece en público. Su programa de televisión semanal, Aló, Presidente se quedó este domingo sin anfitrión. Los nervios crecen y los rumores comienzan a rodar a velocidades extremas.

Desde Bogotá, discuto el tema con algunos amigos venezolanos con los que comparto el auto-exilio. “Ni de vaina está muerto, ya nos habríamos enterado”, dice Saúl. Para Diego, la cosa no es tan clara “si está muerto, los militares y el resto del gobierno van a esconderlo para evitar que se arme un peo. No creo que nos enteraríamos tan fácilmente”. La verdad, no tenemos ni idea. Los tres nos miramos con ojos culpables que dicen: “ojalá esté muerto”.

Discutimos un rato sobre qué pasaría en las elecciones si se muere antes o si se muere después, cuáles son los chances de Capriles de ganar, cuáles son las probabilidades de que, si Chávez pierde, entregue el poder. Pero nos dura poco la preocupación por las repercusiones políticas de la salud del presidente. Lo que en verdad nos interesa es la inseguridad, esa especie de sanguijuela gigante que durante los últimos 12 años le ha ido chupando la sangre a los venezolanos hasta dejarnos débiles y asustados.

“Yo quisiera poder regresar algún día a Venezuela”, dice Saúl, sin mucha esperanza. El verbo clave de su frase es “poder”. Quienes estamos afuera sentimos que no podemos estar en nuestro país, al menos no si lo que queremos es vivir en relativa tranquilidad.

La inseguridad y la violencia han ido aumentando en Venezuela a niveles casi tan veloces como los de los rumores sobre la salud de Chávez. Ya no hay lugar de la capital ni hora del día en que puedas sentirte seguro. Nuestra conclusión es que se trata de un problema de impunidad. En Venezuela, si te meten preso, tienes hasta dos días para ser procesado. Si el fantástico sistema judicial del país no logra juzgarte en ese tiempo, vas libre. Y esto es considerando que te hayan metido preso en primer lugar, cosa que casi nunca pasa (en parte porque muchas veces son los mismos policías quienes cometen los delitos).

Tenemos una teoría, mis amigos y yo: si Chávez se muere antes de las elecciones, el próximo presidente de Venezuela va a ser Capriles Radonsky. De ser así, los niveles de impunidad van a disminuir enormemente, junto con los de inseguridad. El feliz resultado de esto es que todos vamos a poder regresar a nuestro país.

Nuestra idea se puede explicar haciendo un paralelo con la violencia en Colombia. Los períodos presidenciales de Uribe (independientemente de lo que pensemos del señor ex presidente y sus políticas) disminuyeron los niveles de violencia en el país.  En lo que sale Uribe, quien ya había creado una especie de figura mitológica de salvador y destructor de guerrilleros alrededor de sí mismo, los niveles de violencia vuelven a aumentar. En Venezuela ha pasado más o menos lo contrario. Chávez se ha convertido en el presidente que dice: “si tienes hambre, roba” (en serio, lo dijo en cadena nacional). Entonces, la gente se siente respaldada por su presidente a la hora de cometer delitos –que, además, ya van mucho más allá de robar. La conclusión lógica es que, cuando ya Chávez no sea presidente, la gente no se va a sentir tan libre de salir a robar y matar a toda hora, en cualquier momento.

Puede ser una teoría un poco descabellada. Pero estos tres venezolanos-en-Bogotá tenemos fe en ella. Tenemos fe en que algún día vamos a poder volver a una Venezuela donde la inseguridad y la violencia tengan, al menos, ciertos límites.

 

Daniella Mendoza.

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