¡Que se levante a otra…o a otro!

por La hora del escarnio


Hace unos días tuve que pasar por una situación, que para ser sincera, nunca pensé que fuera a vivir y mucho menos a aceptar. He oído hablar de eso y conozco el tema. Además, varias amigas me comentaban sus experiencias; hablaban de lo impotentes que podían llegar a sentirse y de cómo tenían que hacer para superar esto con el diálogo y una buena disposición frente al tema. No obstante, otras, simplemente ignoraban los hechos y suponían que nada estaba pasando. Pero me llegó el momento de vivir a mí esta situación que sencillamente me dejó un mal sabor y una gran humillación: fui víctima del machismo.

Mi historia es la siguiente: desde hace un tiempo, tengo -o tenía- un romance, por decirlo de alguna manera, con un tipo que pensé que era perfecto. Pero claro, no todo en la vida es perfecto, y mucho menos los hombres que parecen serlo, porque terminan sacando las garras. Estábamos con tres  amigos de él tomándonos unos tragos y hablando temas irrelevantes para el caso, pero en un momento, la conversación se volvió un poco tensa para mí. Empezaron a hablar de cómo se debía tratar a las mujeres y de cómo tocaba manejarlas para que no se fueran a rebelar. Debo aclarar que no hablaron de maltrato físico, pero por el tono en el que manejaron el tema, si podría decir que la solución para ellos, era el maltrato verbal.

Al comienzo, el tipo con el que yo estaba sólo se reía de las estupideces que los amigos decían. Ellos hablaban de no permitirles a sus novias hablar con otros hombres, no podían mirar a nadie que no fueran ellos -cosa que ellos sí podrían hacer si se presentara la oportunidad inversa-, que no debían salir a la calle sin ellos y menos con amigos y para completar se sentían ofendidos si ellas en algún momento trataban de opinar sobre  temas “importantes” según su criterio.

Cuando empezaron a hablar de esto, me sentí tan ofendida que decidí involucrarme a la conversación, pero cuando fui a dar mi opinión, el personaje con el que yo estaba se volteó, me miró y dijo con un tonito muy sutil: -“Linda, este es un tema de hombres, tu no entiendes de esto y ten en cuenta que esto que están diciendo, también aplica para ti”-.

Mi cara se transformó y me paré de la mesa indignada. Él se levantó y se fue detrás de mí. Yo sólo lo miraba con cara de odio y el trataba de calmarme diciéndome que yo tenía que entender que las cosas con él eran así: que yo debía aceptar que el saliera sólo y pudiera bailar, coquetear, mirar, etc. a otras mujeres pero que yo debía quedarme en mi casa juiciosa porque no había posibilidad de que yo pudiera salir con mis amigas, que no le gustaba que me metiera en los temas de los hombres, que yo tenía que hacer lo que él dijera si no quería tener “problemas” y para completar, decidió rebajarme tanto y humillarme tanto que hasta me dijo que de ahora en adelante yo no debía preocuparme por gasta plata para salir con él y que ni se me pasara por la cabeza gastarle algo a él, porque no le gustaba que las mujeres pagaran ni pusieran plata. Lo grave de la historia es que yo como una idiota acepté las condiciones.

Sí, así de sencillo, le dije que aceptaba las condiciones, como una estúpida. Lo bueno, es que hasta hace muy poco recapacité de todo lo que me dijo y según lo que entendí me tocaba ser una relegada a él. Pero no. Si  en teoría quiere que no me rebele, pues lo siento mucho. No voy aceptar lo que muchas colombianas tienen que aceptar que no sólo es el maltrato psicológico o verbal, sino el maltrato físico de los hombres machistas que creen que nosotras no podemos desenvolvernos solas en un mundo equitativo para los dos géneros. No pienso aceptar que un 41% de los hombres en Colombia- incluyendo a este porcentaje al tipo con el que estaba- me vea como una mujer relegada a él, que debo cumplir mi papel como tal quedándome en mi casa y en un futuro, cocinando, planchando y limpiando porque en teoría ese es mi papel en la sociedad.

Esto, es porque quiero rebelarme, no lo hice en el momento adecuado pero quiero hacerlo. No voy a permitir que me traten como si fuera una tarada, como si no pudiera pensar o actuar según mis decisiones, no voy a permitir que un tipo llegue a decirme que mi plata no vale y que no va a aceptar que yo use mi propia plata, y para completar que yo tenga que aceptar que él haga y deshaga cuantas veces quiera mientras yo me quedo en mi casa. Pues no, y si lo que quiere es alguien que le haga caso frente a sus requerimientos para no tener “problemas”, pues que se levante a otra, o mejor aún a alguno de sus amigos que de pronto si le aceptan y apoyan sus locuras porque yo no voy a jugar ese jueguito.

Sólo quiero hacer un llamado a que como mujeres no nos dejemos humillar. El machismo ya pasó de moda y estamos en pleno siglo XXI, no es justo que estas cosas sigan pasando y nosotras somos las que debemos evitar que pasen.

 

Alejandra Parra

Anuncios