¿Periodismo independiente?

por La hora del escarnio


El periodismo, desde sus inicios, se ha trazado unos objetivos claros. En ellos, el público es lo más importante y por quien se desarrolla este ejercicio. Por eso, el periodismo debe contar hechos de forma clara y veraz, con información de calidad y una narración sin intereses de ningún tipo.  Sin embargo, sólo algunas veces se cumplen estos objetivos, pues en repetidas ocasiones se ha visto como los medios de comunicación, bien sea el periódico, la radio, la televisión o la internet, son fuertemente influenciados por partidos políticos.

Este fenómeno es bastante lamentable, pues gracias a que los medios están fuertemente influenciados, la sociedad termina por ser desinformada en vez de informada. Un ejemplo claro de esto es lo que ocurrió en Chile, más exactamente con el periódico El Mercurio, el cual circula desde hace 184 años y fue fundado por Agustín Edwards Mac-Clure, con una clara tendencia conservadora.

El Mercurio manifestó una fuerte oposición a la candidatura y posterior gobierno de Salvador Allende en los 70´s, inventando una serie de hechos que pudieran provocar el desagrado por parte de los chilenos hacia el dictador. Es aún más horroroso darnos cuenta algunos años después que El Mercurio y otros medios de comunicación chilenos, recibieron financiamiento estadounidense para este mismo hecho. Algunos pensarán que estas artimañas han ocurrido una que otra vez alrededor de la historia del periodismo, pero lo cierto es que ocurre más veces de lo que la humanidad se imagina.

Traigo un ejemplo más cercano a los colombianos y mucho más reciente que ocurrió con el prestigioso periódico El Tiempo, el cual, es considerado en nuestro país como el referente periodístico más importante. Durante las campañas políticas para la presidencia de Colombia en el 2010, este periódico escribió y publicó unos cuantos artículos que alababan y engrandecían al entonces candidato presidencial, hoy presidente, Juan Manuel Santos. Se supone que los medios de comunicación son objetivos y no deben intentar influir en las decisiones de los ciudadanos. Ellos sólo deberían informarnos para que cada uno de nosotros, de la manera más autónoma, elijamos al que consideremos “el mejor”.

Ni que decir del caso de la periodista Claudia López quien se interesó por defender las premisas del periodismo al mostrar una investigación rigurosa del programa Agro ingreso Seguro y a las horas de haberla publicado recibió una carta de despido vía internet. ¿No es esto una censura a una periodista que buscaba la verdad para enseñárselas a la ciudadanía? Es un hecho bastante lamentable.

Más cercano a estos hecho y sin irnos muy lejos de Colombia encontramos lo sucedido a principios de este año en Ecuador con el periodismo El Universo, que así como El Tiempo el Colombia allá hace parte de los más leídos. El hecho fue que por parte del presidente Correa el periódico fue censurado y obligado a pagarle 40 millones de dólares supuestamente por un artículo donde lo trataban de matón. Esto no es justo ¿Cómo es posible que ya el gobierno comience a adentrar su poder en la prensa que prácticamente se han convertido en las gafas del pueblo?, la gente ya no puede opinar, ni pensar, hablar en contra de quien tiene el dinero es perder.

¿Dónde quedaron esos ideales con los que se fundaron estos periódicos? En el caso de El Mercurio ellos aseguraron apartarse de las luchas partidistas, entregarse por completo a las grandes causas del país chileno y moderar las pasiones extremas que en el futuro pudiesen dividir al país, ¿Será que si cumplieron con su ideal durante la dictadura de Allende?, ¿Por qué aceptaron dinero estadounidense si supuestamente su trabajo está al servicio de la sociedad? En el caso colombiano ¿Dónde quedó ese periódico que nació abierto a todas las tendencias ideológicas sin matrícula en ningún movimiento político? Y en el caso de Ecuador ¿Donde quedará la voz de un pueblo que busca ser escuchado y ante un gobierno que lo calla?

A pesar de sus múltiples defensas, por parte de la familia Edwards y la familia Santos, es evidente que siempre tienen una inclinación para defender o atacar al gobierno de turno, según sus conveniencias.

Nosotros como futuros periodistas y la ciudadanía en general debemos exigir nuestro derecho a la información, debemos exigir un periodismo que no esté atado a ninguna tendencia política, que prefiera su cierre temporáneo por oponerse a los políticos de turno. Un periodismo en el que podamos confiar y saber que después de leerlo, escucharlo o verlo quedaremos totalmente informados.

Laura Malaver

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