Después de cuatro años

por La hora del escarnio



Después de cuatro años muchos creerán que el amor es cuestión de costumbres y de hábitos.  Después de cuatro años, otros creerán que entre tú yo ya no hay palabras, ni gritos,  ni aventuras; que nuestros sueños se estancaron  por nuestra ridícula idea de vivir juntos para toda la vida.

Después de cuatro años ni tú ni yo creemos en cuentos de hadas,  príncipes o castillos.  Para nosotros, después de cuatro años,  lo nuestro se trata de sapos, brujas y hechizos. Porque nadie dijo que fuera fácil, nadie dijo que el amor sólo saca lo mejor de cada uno. Y ahí, creo yo,  está la verdadera magia del amor: que después de 4 años lo que más nos guste del otro sea lo que en su  momento más odiábamos.

Lo siento, mon amour, hoy después de cuatro años no tengo la definición de amor que alguna vez prometí decirte. Pero puedo darte ejemplos de lo que tú haces que sea el amor y que, al igual que yo, pocas veces notas:  que después de cuatro años  te  llame con la mente y aparezcas en la puerta, como si supieras cuánto te necesito. Que después de cuatro años lo que era tuyo se convirtió en “lo nuestro”. Que después de cuatro años intentes aprender a bailar sólo porque a mí me encanta. Que después de cuatro años comprendas que me gustan más las bibliotecas que las discotecas y aún me sigas queriendo igual. Que desde hace cuatro años respiramos el mismo aire y no nos hemos asfixiado. Y que después de cuatro años sigas siendo mi  amigo, el mejor de todos. Eso es amor para mí. Lo que tú me das sin esperar algo a cambio, lo que recibo para pagar a cuotas la cuenta de mi felicidad.

Hoy puedo decir  que después de cuatro años no somos los mismos, que el amor cambió. Pero  hoy, como hace cuatro años, te quiero siempre, te quiero igual.

 

Por: Laura C. Dulce Romero

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