Amor en 35 mm

por La hora del escarnio


por: Alejandra Soriano W.

Bienvenido sea nuestro día 1826, sí, ese es nuestro número, uno de cuatro cifras que parece muy grande, sobre todo hoy cuando se celebra cada mes porque tal vez el siguiente puede pasar algo catastrófico, y no es que no tema que algún día la catástrofe llegue, es solo que soy feliz porque ya no contamos nuestros días, ni los meses, ni las horas, le debemos cada segundo a la paciencia, a las risas compartidas, a las pataletas, a los secretos y al montón de helados y gomas que juntos hemos comido; sin embargo, de algo estoy segura, no habríamos llegado hasta acá sin el amor por el cine que profesamos como un par de fanáticos cristianos.

Y es que es serio, ahora que lo pienso, nuestra historia se puede contar solo a través de películas, cuando nos conocimos estábamos en ese momento en el que todo lo que veíamos hablaba español porque nos importaba saber la historia de cada país latinoamericano y sus conflictos, tal vez nos preparábamos para militar en algún partido político o nos inspirábamos para que cuando fuéramos grandes pudiéramos crear algún movimiento estudiantil, nada pasó, pero si que sufrimos cada minuto en el sofá de mi casa, hoy nos da risa y no es que hayamos dejado de soñar, es que precisamente concluimos que la solución no está en ponerse botas y pañoleta roja, soñamos más que nunca y tenemos la certeza de que este mundo será mejor. Hoy ya no vemos tanto esas películas, pero te confieso que tu cara cuando vimos “Voces inocentes” me convenció de que eras un tipo sensible y pude estar tranquila.

Luego tenemos las biografías musicales, la película de Ray Charles, la de Freddy Mercury, los documentales sobre The Beatles, la de los múltiples Bob Dylan, la de Jimi Hendrix que dejamos de ver porque no la grabé completa, The Wall, Bob Marley, Héroes del silencio, las de rock en español, y aunque algunas se me escapan, no son muchas más porque si algo nos gusta es ver una y otra vez las mismas cosas o descubrir más de lo mismo, eso de estar hablando de todo sin saber de nada no es lo nuestro.

Las películas alemanas, japonesas, suizas, extrañas en conclusión, también tienen un espacio, literalmente UN espacio porque nunca las repetimos aunque nos hayan matado de la risa o nos hayan hecho llorar, le agradezco al universo que no seas un demente que ha visto muchas películas extrañas que pretende que las conozca todas o que con ínfulas de snob me diga nombres de directores de cine rarísimos para terminar convirtiéndome en una más de esas insoportables. Gracias por eso.

Gracias también por todas las películas que has visto más de una vez por mí, por ver Nemo y Shrek conmigo muchas veces sin dormirte, por aguantar la repetición de mis escenas favoritas de El padrino, por soportar mi mano siempre apretada y sudorosa en la escena de los gatos de La naranja mecánica, por no sentir celos de Gael García y por siempre coincidir conmigo en que Jack cabía en la tabla con Rose y que si yo hubiera sido ella te habría salvado, gracias por permitirme creer hasta ahora que en Titanic en 3D, Jack va a despertar, gracias adelantadas porque secarás mis lágrimas que pueden derretir las gafas cuando Jack definitivamente se vaya al fondo del mar.

Y ahora perdón, perdón, por haber visto Toy Story 3 sin ti,  sabes que ver a los marcianitos contigo ausente no fue fácil pero que le vamos a hacer esos fueron nuestros tiempos difíciles en los que por un tiempo dejamos de ser señor y señora cara de papa;  perdón también por haber arruinado nuestro repertorio de malas películas románticas para dormir, pero tu sabes que Australia tuvo noches muy largas, se que me perdonas, igual no te morías por verlas.

Te perdono por ver Hugo sin mí porque después de verla juntos concluimos que Isabel es un lindo nombre, por fin coincidimos en uno, aprovecho para decir que ya es hora de que me perdones tu a mí por no haber visto juntos Medianoche en París.

Te amo locamente en 35 mm, en 3D, con o sin gafas, te amo porque no somos por el cine pero si le debemos mucho a esas horas sentados viendo una película tras otra. Ojos de Forrest (nuestra clave).

Punto seguido a esta carta sin fin, porque debemos seguir viviendo y rodando para llegar al próximo 12 de septiembre sin contar nuestros días porque si lo hiciéramos haríamos la misma cara de Kevin en Mi pobre angelito 1 (risas).

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