Solo un adiós

por La hora del escarnio


No puedo ser ese alguien tan civilizado como para verte con alguien más y comprender por qué, y estar feliz por tu felicidad. Me doy cuenta que soy más egoísta de lo que nunca imaginé. Pensé que lo que más en la vida deseaba era verte feliz, pero lo que no había entendido era que yo quería verte feliz pero a mi lado. Nunca pensé que pudieras ser más feliz con otra persona y que de pronto yo fuera solo una marca del pasado. Mientras tanto, yo sigo mirándote desde el otro lado del río navegando en tu balsa sonriente con alguien más que guía tu navegar. Y yo, yo sigo persiguiendo tu rastro en el agua. No creí ser tan incivilizada como para odiarte. No pensé llegar a sentir este rencor que a veces se confunde con un amor iracundo. Es que estoy furiosa de amor, es que no puedo olvidar como tú lo hiciste.  

Un día me dijiste que buscabas otra cosa. Después de eso llegó un silencio. Solo hoy entiendo lo qué me dijiste. Yo creía que necesitabas un espacio para respirar y luego regresar corriendo a mis brazos deseoso de contarme cómo te había ido en tu viaje de aventura por un mundo sin mí. Pero no regresaste, nunca volviste a mirar atrás. Me quedé esperándote mientras iniciabas una aventura con alguien más. ¿Y yo? Yo seguía en nuestra aventura, pero una aventura sola no es tal, porque no hay con quien compartirla, no hay con quien vivirla y se queda en un relato triste y vacío, incompleto, silencioso y oscuro.

No imaginas mi cara al darme cuenta que era en serio. Pasó mucho tiempo, pero me di cuenta que hablabas en serio. Aceptar lo que pasó y darte la espalda ha sido más difícil de lo que jamás pensé, porque es renunciar a mis sueños, a mi aventura a un amor que para mí nunca tendrá final. Es renunciar a una parte de mí y a muchas de mis promesas, a muchos de mis recuerdos y a muchos de los caminos que había iniciado para construir mi vida, mi futuro.

Hoy debo darte la espalda y no sé si te importe. Hoy te digo que tengo que seguir y probablemente a ti no te duela porque tú hace mucho seguiste. Hoy te digo que no volveré a hablar de ti, ni a derramar una lágrima en tu nombre, aunque sea esto una mentira. Lo digo porque lo haré aunque no pueda proponérmelo.

Te escribo esta carta aunque no quiera que la recibas. No quisiera tener que dejarte, pero es que tú ya lo hiciste.

No soy tan civilizada como para entender que no te va a importar lo cursi que soy y que vas a reírte de lo que hoy te digo. No soy tan racional como para comprender que probablemente no termines de leer estas líneas.

Igual este es mi último adiós. La última vez que escribo con tu nombre sobre mis dedos. Un adiós, sin ningún hasta luego. Solo un adiós.

 

Natalia Méndez Alzate

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