Lo inédito del populismo colombiano

por La hora del escarnio


Columna de Alejandro Gaviria en El Espectador: Populismo 

 

Como venezolana en Colombia no puedo pretender conocer la historia del país mejor que usted o cualquier colombiano de nacimiento, señor Gaviria. Ahora, mi estatus de venezolana sí me da el derecho de hablar con cierta propiedad sobre el populismo.

Digamos que, en primera instancia, estamos de acuerdo en que Colombia no ha padecido el horror del populismo que sí ha plagado a muchos otros países de América Latina. Pero digamos también que, en cierto grado, lo ponemos en duda.

Recuerdo cómo, antes de venirme a vivir a Bogotá, mi abuela (que era colombiana radicada en Venezuela) hablaba de Uribe como si fuera un santo, y cuando lo veía aparecer en televisión nunca dejaba de comentar: “Ese sí es un presidente, un hombre serio, elegante, inteligente, no este mono que tenemos nosotros aquí”.

Pero desde que llegué a Colombia me he sumergido en el tema político lo suficiente como para saber que Uribe tampoco era ningún santo, por más elegante y serio que fuera. Para no pecar de extranjera sobre-sabida, me remito a lo que plantea Jorge Volpi en El insomnio de Bolívar: que Colombia no se salvó de la corriente populista que se expandió sobre nuestros países como una réplica latinoamericana de la cortina de hierro europea. Que Uribe es tan populista como Chávez.

Y no hay que leer a Volpi para comenzar a sospechar del populismo uribista. Todos mis familiares colombianos (que son muchos más que solo mi abuela y representan a esa clase alta que vive de sus fincas en el Cauca), aman a Uribe con una pasión que solo se compara a la pasión que siente Iris Valera por Hugo Chávez, o a la que se nota entre los cientos de personas de bajos estratos que, en Venezuela, salen a la calle, con camisas rojas y boinas, a gritar por su presidente. Así que, en todo caso, a la conclusión que mi experiencia empírica y mis escazas lecturas me llevan es que, en Colombia, señor Gaviria, se vivió el populismo en pleno (con reelección y todo), solo que aquí lo hicieron con mucha más clase.

Puede ser que el “riesgo de populismo” haya aumentado según disminuye el clientelismo en Colombia, pero las promesas de los candidatos siempre han sido de lo divino y lo humano y, esta vez, no son realmente el anticipo de un “fenómeno inédito” sino la renovación de promesas que en el pasado se fijaban en la seguridad del país y hoy se fijan en la falta de viviendas y el desempleo.

 

 

Daniella Mendoza.

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