¡Uribe!, ¡dedíquese a oír misas, y de paso, llévese a José Obdulio!

por La hora del escarnio


Respuesta a la columna http://bit.ly/IyKgLb  de José Obdulio Gaviria.

La historia es uno de los regalos más divertidos producto del lenguaje. En ella se pueden hacer comparaciones con personajes actuales y maliciosos de nuestra opaca posmodernidad. Así como José Obdulio Gaviria encontró en Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, un ejemplo lejano de Álvaro Uribe; yo, por el contrario, encuentro en el ex asesor de presidencia un pálido y desmejorado Jean de Sauvage.

Como bien escribió José Obdulio, Carlos V agotado de gobernar fue llevado en 1555 a un monasterio de España. “Después de que había ostentado el poder absoluto, se fue a oír misas, contemplar los paisajes, leer textos devotos, armar y desbaratar relojes, y a comer, comer y comer.” Pero a esta recomendación que él le hace al ex presidente Uribe, yo le agregaría la otra parte de la historia.

Carlos V no se fue solo a España. Se lo llevó Jean de Sauvage, su asesor extranjero, quien lo acompañó en ese descanso merecido. Sauvage, lejos por su mala fama y el repudio de sus discursos amañados, enfrentó por última vez a los ibéricos.

Señor José Obdulio: lo que Uribe venía moldeando con sacrificios, que usted narra sin importancia seguramente a diferencia de las madres de Soacha, no era una tarea al servicio de la patria como usted asegura. Era precisamente todo lo contrario a lo que el ejecutivo debe hacer: “garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos.”

Los 9 millones de electores de Santos, que en su opinión “creyeron poder poner en sus manos la continuidad de una obra de gobierno”, son personas que entendieron que no todo se vale, que errar es humano y que planear errores es malvado.

Esos publicistas de la campaña de Santos que según usted hicieron “que un actor, que imitaba a la perfección la voz de Uribe, asegurara que sí, que él no sería un traidor”, fueron sus cómplices de sala. Usted como editor del periódico de la campaña ‘santista’ lideró las consignas que nos vendieron a los votantes. En ese orden usted también nos engañó.

Sus quejas desesperadas solo dejan al descubierto una posible definición de ‘traidor’. Alguien que renuncia a la fidelidad de un gobierno perverso y violador de derechos humanos no debería ser calificado así. Traidor sí podría abrazar a la persona que mal interpretó su deber frente a la patria, que abusó del poder con la ley y que jugó con la confianza de sus ciudadanos.

Se equivoca señor José Obdulio cuando culpa a la distancia con el uribismo por la caída de la popularidad del actual presidente. No es cierto que fue el ensayo, como usted dice, el que puso en un santiamén a Santos debajo de Mockus. Mire el matrimonió en el que se convirtió el partido verde para ese entonces y su ola verde en redes sociales, ahí verá un partido de la U con una U minúscula en causa.

La caída de la favorabilidad de Santos, que pasó del 71% al 58%, está determina por el evidente deterioro en ofensiva guerrillera, la débil inversión social que hemos tenido y por el abandono en el apoyo a los estratos populares. No es por el tráfico tuitero de su legendario Carlos V.

Señor José Obdulio, aunque no le deseo la muerte, por supuesto, como el pueblo castellano se la deseó a Jean de Sauvage; sí me gustaría que algunas de sus ideas equívocas descansaran en paz y que meditara; pues detrás de un dudoso gobernante, hay un paranoico asesor.

Por: Daniel Alejandro Pinilla Cadavid

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