Ni formulas, ni recetas

por La hora del escarnio


Robby Ospina – @robbyao

Salomón Kalmanovitz es un tipo inteligente – uno de los mejores economistas del país – que a veces se equivoca. Tienes ideas interesantes a cerca de la urgencia de una reforma tributaria en Colombia y sobre la necesidad de despolitizar algunas entidades del Estado – como las Altas Cortes -. Sin embargo, cae en un error común: considera que existen algo así como formulas universales  para el desarrollo y crecimiento ecnonomico. Como si se tratara  de crear en un laboratorio de alquimia una gema preciosa.

En su última columna, comenta a cerca de un texto de Acemoglu y Robinson, dos expertos en América Latina: “en su libro ¿Por qué fracasan las naciones?, Colombia sale mal librada pues proyectan que no va a lograr un desarrollo económico de largo plazo. ¿Las razones?: la construcción de un Estado fuerte que concentrara el monopolio de los medios de violencia ha avanzado pero está lejos de garantizar el orden en todo el territorio; la tributación es baja y castiga a los ciudadanos de menor ingreso, mientras que la red social se financia con impuestos a la nómina que disparan el desempleo y la informalidad; el gasto público es capturado en buena parte por políticos”.

(Ver toda la columna en: http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-344073-capacidad-estatal-y-desarrollo)

En cambio, afirma, algunos países como Alemania y Brasil lograron fortalecer y hacer incluyentes sus instituciones políticas después de épocas de conflicto. Da la impresión que Kalmanovitz sugiere con esto que Colombia está llamada a emprender el camino de la naciones de éxito que señalan Acemoglu y Robinson. La ruta del desarrollo tendría, entonces, dos estaciones: un Estado fuerte y en paz y, añade, un burocracia eficiente.

Hasta aquí sin mayores problemas, (lo único a este punto es que parece que Kalmanovitz ignora otro texto de Acemoglu en el que éste afirma que pese a lo que se cree el Estado en Colombia no es débil, sino asimétrico: más poner en el centro menos en la periferia). En todo caso, lo que sí resulta insostenible es argumentar que Acemoglu y Robinson, lograron, uno, predecir el crecimiento del continente a largo plazo – sin lugar a equívocos – y dos descubrir lo que podría ser el eslabón perdido de la economía y la política: los factores de éxito del desarrollo y el crecimiento de la economía.

Veamos esto brevemente. Primero, el cuento de la predicción, –  aquí Kalmanovitz utiliza un eufemismo y habla de proyección -, es de lejos una de la mentiras más grandes de la ciencia en la historia moderna. Acemoglu y Robinson, emplearon efectivamente sofisticadas formulas estadísticas para analizar y concluir sobre los datos. Cierto. Pero existe un margen de error asociado a todo análisis cuantitativo (que nunca se da a conocer en la columna) y además se conocen cientos de ejemplos en los que hasta los cálculos más complejos no dieron en el clavo – piénsese en la teoría económica de los años 60 que predicó la fórmula de la modernización y que, por supuesto, no logró sus objetivos -.

Por tanto, es poco probable que Acemoglu y Robinson tengan en su poder la fórmula casi infalible del crecimiento. Pues en cuestiones humanas – como la política y la economía – no existen fórmulas ni recetas. Lo que más sorprende es que alguien tan inteligente como Salomón Kalmanovitz siga creyendo en cuentos de alquimia y magia como los de Frankenstein.

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