La adopción homosexual, más allá de las parejas

por La hora del escarnio


Los derechos de los homosexuales han generado un debate interesante sobre las libertades que tienen y que merecen. Sin embargo, sus derechos limitan cuando empiezan los de los demás y con el tema de la adopción de parejas homosexuales se han confundido los de las parejas con los de los menores.

Ana Lucía Mera en su última columna en El Espectador (ver la columna en este link http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-344507-no) hace una pobre defensa de la adopción homosexual, en donde se hace uso excesivo de la crítica a la iglesia y los principios católicos y deja de lado el tema fundamental de la adopción: los niños.

Porque en este debate se ha hablado de los derechos de las parejas homosexuales pero no se ha revisado el de los menores. No se ha discutido sobre la favorabilidad de los ambientes que generalmente rodean a un niño en su proceso de formación, más allá del amor familiar.

Para ella, no se de dónde lo saca, los homosexuales son seres perfectos, casi sobrenaturales, nada que ver con la imperfección humana que rodea a los heterosexuales . Además hace una división de la homosexualidad entre homosexuales y maricones, en donde pareciera que los segundos no hacen parte de esa perfección de los primeros y al parecer no tendrían derecho a la adopción.

De todos modos, discutir el amor de un padre o una madre, sea cual sea su orientación sexual, es una locura. El debate debe centrarse en el problema social que eso genera. Es decir, en los ambientes donde los padres no tienen intervención directa sobre los niños como el colegio o el barrio. No se usted, Ana Lucía, pero, a diferencia de sus afirmaciones futuristas, me surgen dudas sobre, por ejemplo, el amor de una madre en parejas de hombres, la protección de un padre en parejas de mujeres, la alcahuetería de las abuelas, etc. Pueda que sean posturas muy conservadoras, pero me parece que hasta que no se tengan las certezas necesarias sobre la concepción de las nuevas familias, no se puede aventar a un niño a los cambios de la sociedad sin que se resuelvan las dudas sobre el desarrollo de un niño en una familia de homosexuales.

Ahora, la excusa que ella utiliza para argumentar que es positiva la adopción homosexual es decir que ellos jamás serán maltratados y siempre se verán rodeados de amor. Algo que, sin mucho análisis, parece imposible de comprobar y asegurar; y me parece grave especular en un tema tan delicado.

Señora Mera, decir que el maltrato, “la violencia, el abuso de drogas, la insanidad de miles y miles de jóvenes, tienen su raíz más profunda en el desamor, la agresión y el maltrato de su ‘familia nuclear’” es decir, como usted menciona en su columna, que el agua moja, o ¿cómo hace usted para medir estas problemáticas en familias del mismo sexo cuando la ley que permite la unión de homosexuales se aprobó hace menos de un año y aún no se ha aprobado la que permite la adopción? ¡Claro que la raíz es una familia de padre y madre!

Me parece que el debate aún puede y debe ser más profundo; no podemos dejar que la iglesia ni el procurador ni nadie queden por fuera de esta discusión, porque precisamente en eso consisten los debates, en que hayan diferentes posturas que agoten los argumentos, las razones y los estudios para que así los legisladores tomen la mejor decisión para los niños que estén en medio de todo esto.

Néstor Peña

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