Ni buenos, ni malos: que asuman su responsabilidad

por La hora del escarnio


Columna de Tatiana Cabello Flórez del periódico El Heraldo “Ahora los secuestrados son los buenos”

http://www.elheraldo.co/opinion/columnistas/ahora-los-secuestradores-son-los-buenos-66569

 

La columna “Ahora los secuestrados son los buenos” se resume a una cadena errores y falacias, que la periodista Tatiana Cabello asegura con mucho fervor.

Para empezar, el conflicto armado en Colombia, señora Tatiana Cabello, va mucho más allá de dividir los bandos entre buenos y malos. En el caso del periodista francés, Roméo Langlois, no se trata de tildar a los militares como los villanos de la historia, sino de que cada quien asuma su responsabilidad. Y ahora puedo asegurarle que su tesis es errónea, pues el ejército SÍ tuvo responsabilidad de lo sucedido, principalmente, porque  Langlois debió ser protegido por las fuerzas militares por su estatus de no combatiente. Con esto no quiero dejar de lado la culpabilidad de las FARC. Que usted afirme que “¿Qué se creen las FARC? ¿Qué credibilidad tienen? Ninguna.No es una novedad y repetirlo en todo un párrafo resulta innecesario. Nadie está negando el descaro de las FARC; pero si se trata de buscar culpables, el ejército también debe responder por no garantizar la seguridad del periodista que estaba en sus manos.

Por otro lado, estoy en completo desacuerdo con su posición acerca de las condiciones que propondrían las FARC. El Estado colombiano no puede cegarse a una postura radical sobre la no negociación, porque recordemos que se trata de un ciudadano francés, de un periodista; que si no se hace algo, podría durar 10 años en la selva, al igual que otros secuestrados. O, peor aún, terminar muerto por algún rescate militar fallido, como ocurrió con los 11 diputados del Valle. La puerta debe dejarse entreabierta y no descartar por completo esta posibilidad.

Me sorprende que usted justifique en su columna la irresponsabilidad del ejército colombiano por el secuestro de Roméo Langlois cuando advierte que él firmó un documento que exonera a las fuerzas militares de cualquier responsabilidad. Lo que se convierte en una falacia, pues con un poco de investigación sabría que ese tipo de acuerdos legalmente pierden validez, ya que si el periodista estaba en compañía del ejército, éste tiene como objetivo cuidar de cualquier civil. Es un derecho de todos los ciudadanos que tiene prominencia por encima de la voluntad propia de ir a Caquetá o de un papel firmado. Además, no puede comparar lo ocurrido con la experiencia de Ingrid Bentancour, quien no aceptó la compañía de militares o escoltas. A diferencia de Langlois quien sí estaba junto al ejército. Son casos distintos que no tienen punto de comparación por la situación: el periodista hacía su trabajo que por la ley debe ser protegido por el Estado colombiano.

Es también inadmisible que afirme que lo que le ocurrió a Roméo Langlois le pudo haber pasado a otro periodista ¿En qué Estado cree usted, que no puede garantizar a los periodistas su derecho a ejercer su profesión, ni a proteger su vida? ¿Qué periodistas hay en nuestro país que admiten la vulneración de los derechos de sus colegas?

Más allá de la discusión sobre quién es el bueno o el malo, este caso dejó al descubierto la ausencia de un protocolo que debería tener el Estado para establecer la figura del corresponsal de guerra, en los conflictos internos.  Además, de su incapacidad  de brindar la seguridad a los periodistas para ejercer su trabajo. Señora Tatiana Cabello, por último, es importante que tenga claro que las garantías no las deben tener los militares, sino los ciudadanos a quienes defienden. Y le reitero que si de culpables se trata, todos deben ser investigados: que cada quien asuma su responsabilidad.

 

Por: Laura C. Dulce Romero

 

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