Ya no le creo

por La hora del escarnio


Por: Alejandra Soriano W.

El padre Alfonso Llano me mintió y de paso me decepcionó. El 22 de abril en ‘El Tiempo’, publicó una columna en la que ejerció como mal editor y no como buen periodista, y si es que no se le puede pedir que sea buen periodista porque ese no es su oficio, entonces no cumplió con el papel de columnista serio, ni de católico coherente.

La lectura de “Un alto en el camino”, me llamó la atención porque era una columna en la que las palabras eran de otro, era expresamente, una carta de Martín Lasarte a quién el padre Alfonso Llano cedió el espacio de su columna. Martín Lasarte es un sacerdote uruguayo que hace más de veinte años es misionero en Angola, la carta del cura salesiano, está dirigida al director del New York Times y en ella se queja por el cubrimiento que ha hecho ese medio, del tema del abuso sexual ejecutado por miembros de la iglesia católica a niños, un tema que él cree, deja de lado las noticias sobre las misiones que llevan a cabo otros sacerdotes en diferentes partes del mundo en donde enfrentan difíciles condiciones económicas y complicadas situaciones de violencia y seguridad. En general, encuentro la posición del uruguayo un tanto equivocada pues se supone que la vocación del sacerdocio implica realizar buenas obras y si mal no recuerdo en el libro sagrado de los católicos está esa frase que dice “que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha” ¿no?, pero bueno, él tiene derecho a exigir más protagonismo de las buenas obras de los sacerdotes en los periódicos, así yo crea que en definitiva no merecen ninguno porque hace parte de su oficio desempeñar buenas labores.

Sin embargo, la columna en la que la voz del padre Alfonso Llano se caracterizó por su ausencia, 4 líneas de introducción me parecen insuficientes, me dejó con varias inquietudes, ¿Por qué la carta en ese momento? ¿Quién era Martín Lasarte? ¿Por qué el padre Alfonso Llano dejaría su columna para otro?, esas dudas me llevaron a buscar la carta y esto fue lo que encontré: primero, que la carta había sido enviada a The New York Times el 6 de abril de 2010, es decir que había algo más de dos años de diferencia con su publicación en la columna del domingo 22 de abril, segundo y más desafortunado todavía, descubrí que en ‘El Tiempo’, la columna tenía palabras agregadas, y párrafos completos aniquilados arbitrariamente.

Me sorprendió ver que el sentido completo de la carta fue transformado desde el primer párrafo, la carta original dice lo siguiente: “Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.” En la versión del Padre Alfonso Llano la carta dice: (dirigido a los directores de medios) “Me da un gran dolor el profundo mal que personas como usted, que deberían ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes lectores” lo que dice después en la carta original no aparece, sigue con otro párrafo que está más adelante y así es toda la columna.

Las verdades a medias, son mentiras, me pregunto si en realidad el Padre Alfonso Llano lo que quería era dirigirle una carta al director de ‘El Tiempo’, pues al parecer, el sacerdote cree que los directores de periódicos pueden ser puñales en la vida de inocentes lectores, no como cree el sacerdote uruguayo que los puñales son sacerdotes que afectan la vida de niños inocentes.

Señor Alfonso Llano, no tema a decir las cosas como son, porque por no hacerlo pasa lo que me pasó a mí y es que ya no le creo, yo era un inocente lector hasta que descubrí los puñales de edición con los que me estaba atacando, en cumplimiento de mi deber y coherente con lo que me han enseñado en la Universidad Javeriana en donde estudio periodismo, le recuerdo que en la sociedad de la información todo se sabe, ya no es suficiente con quemar bibliotecas para desaparecer libros, ah y que pena por no haber contado acá todo lo bueno que usted ha hecho.

La columna del Padre Alfonso Llano se puede leer en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonsollanoescobar/un-alto-en-el-camino_11625207-4

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