Carmen Rigalt, una actualidad casual

por La hora del escarnio


Poder hablar de una mujer columnista no resulta tan sencillo. Inicialmente la información que conocemos y las opiniones que escuchamos son netamente masculinas. Quizá hoy día existan aquellas damas que sobresalgan y le hagan honor al género, pero no son muchas, Y he aquí donde encontré una de ellas.
Carmen Rigalt, periodista española, tal vez fue esto lo que más me llamó la atención, su cruda forma de hablar, sin tantas vueltas, y su singular manera de representar en la voz femenina cualquier tema de actualidad. Estudió periodismo en la Universidad de Barcelona, y comenzó a desempeñarse desde muy joven como escritora en periódicos (diario El pueblo), donde, según ella, desarrolló grandes habilidades.
Su recorrido con las letras de la opinión, es bárbaro, hasta llegó a protagonizar el escándalo de la homosexualidad de Alejandro Saenz en una de sus publicaciones, ¿Cuándo se había visto a una mujer involucrada en algo así?, nunca. Aunque esta no fue la columna por la que ella llego hasta este trabajo, se le atribuye la fuerza de periodista con la que ejerció ese momento.
Le gusta tocar todo tipo de temas, cigarrillos, sexo, política, tecnologías, en fin. Nunca quedara corta de palabras. La columna que me atrajo fue aquella que se titula “lo mejor del sexo”. Cuando la comencé a leer me causo risa, no era nada de lo que esperaba, esto también ayudo que me metiera más en el tema y la terminara de leer. Tenía un inicio particular, el cigarrillo, pensé en que tal vez termina en algún lugar vinculándolo con algo del sexo, cosa que solo sucedió en el último renglón.
Así comenzó:
“SIGO fumando. Hasta ahora nadie me ha ofrecido un argumento que me mueva a dejar el tabaco. No digo que los argumentos sean malos, pero a mí me resbalan.”
Y así termino:
El sexo y el tabaco siempre han estado voluptuosamente asociados. No en vano lo mejor del sexo es el cigarrillo de después.
Buena forma de asociar los vicios en sus palabras, dos cosas de las que el hombre agrada y de las cuales cada vez más y más escritores reproducen ideas. Y resulta proporcional, entre mas producen, mas se vende. Algo así como ella lo decía, entre más se niega mas se quiere, Es una ley natural propia de todo animal.
Quería mirar más de sus temas, miro a la derecha hay un link lleno de estos. Por casualidad llegué a uno que en su título llevaba la palabra Dios y la palabra internet, Otra vez dos palabras poco relacionadas pero juntas en alguna cabeza. Comenzando a leer esto noté su inspiración en historias personales, en anécdotas que no sabemos si sean reales o ficticias.
En esta columna Carmen habla con toda sinceridad, pero atribuye parte de lo que escribe a un personaje, quien según este, dios está en todas partes, todos lo conocemos y lo tratamos.
Quizá sea cierto, pero lo que nunca esperé llegar leer, lo vi. Carmen afirmaba que dios estaba en el internet, podía ser ese ser ciber aquel que no se ve pero que se sabe que está ahí, no sin antes lanzar una crítica a la guerra de medio oriente que vive en el momento
Por internet, hacia Dios. Todos los conceptos intangibles suenan a divinos. El ciber Dios no tiene corporeidad, es ubicuo, omnipresente y pone el ojo en todas partes. Abarca desde el Dios primigenio al Gran Hermano de Orwell. Navegar por internet es casi una religión. Yo siempre me encomiendo a ella para salir de apuros. Esta vez, internet me ha servido con sonrojarte puntualidad el bombardeo israelí sobre Gaza. A la hora en que escribo, el balance de víctimas asciende ya a 283. Maldita sea. En todas las desgracias, internet suma cadáveres y los enseña. No hay truco. Además, tratándose de palestinos, me lo creo: la aviación israelí los mata bien muertos.
Surge entonces otra relación inesperada: guerra y dios. En verdad leo estas palabras y las asocio, ¿donde esta dios en la guerra?, el internet aun cuenta victimas no me explico ¿esto porque es permitible? Hay muchas cosas que en verdad no deberían suceder.
Finalmente busqué, entre tantos títulos otro que rematara mi gran admiración por esta mujer tan abierta, que escribe sin pensarlo dos veces, para un país un tanto cerrado, tradicionalista y que escribe temas de interés común. Entonces, antes de cerrar la página leí esta que decía “tradiciones”, sonaba aburrida, no lo niego, pero di clic y salió algo hermoso
Hablaba de aquellas tradiciones que tiene la gente, las múltiples celebraciones y los infinitos ejemplares de fiesta para cada una, el nombre que se le da a la mascota y la cena que preparamos para el cumpleaños de la abuela. Mil cosas que no sabemos por qué las hacemos y que si las cambiamos no pasará nada.
Somos, pues, una familia tradicional que hace cosas tradicionales, como organizar un concurso para poner nombre a un perro. También hacemos concursos de regalos (nunca el amigo invisible, porque en nuestros estatutos se obliga a dar la cara).
Vivimos en función del que hacer que haga feliz y cómodos al resto, no sé si ella lo exponga en su posición de mama, amiga o hija, o quizá de las tres lo que concluye en su posición de mujer.
Opinar sobre temas de cotidianidad, que sean de un interés general no lo hace cualquier persona, era necesario encontrar un mujer empedernida y apasionada por cada letra, que entrara en la conciencia de quien la lea y a quien no le importa lo que piensan, acá lo que importa es la verdad de su pensamiento.
No me quiero ir sin dejarles una frase de alguna de las columnas de esta mujer:

Hablo hoy del amor porque hace sol y estoy contenta. Las emociones van al compás de la climatología. Cuando viene el calorcillo, crece la predisposición al apareamiento, aunque hay quien sostiene que en invierno se folla más para producir calorías. Vistos los conflictos conyugales que ocasionan los edredones nórdicos y el aire acondicionado, el amor se me antoja, más que un sentimiento, una pesadilla térmica. No conozco a ninguna pareja estable que no discuta por la temperatura.

Laura Malaver

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