Ensayo columnista internacional – Gabriela Santamaría

por La hora del escarnio


Matt Taibbi prueba de manera práctica aquella idea de que si lo puedes explicar fácil has entendido.

Matt Taibbi tiene 42 años y es un periodista norteamericano. Actualmente escribe para Rolling Stone y Men’s Journal; ha sido editor y escritor para The Beast, New York Press y The eXile. Hasta el momento ha publicado seis libros de investigación y usualmente es un invitado en los programas de radio y televisión de Thom Hartmann.

Con un lenguaje coloquial y, en algunos casos, grosero, Matt publica en Rolling Stone  sus columnas sobre política, economía y ocasionalmente deporte estadounidense. Normalmente publica su columna cada 15 días con la revista; en las pocas ocasiones en donde publican a otro columnista igual se encarga de actualizar su blog en la página de Rolling Stone.

Su popularidad no es gratuita, su uso del lenguaje y sus explicaciones sencillas (y completas) logran explicar los complejos problemas políticos y económicos a un público aturdido. En los noticieros y periódicos se tratan los temas de coyuntura con un lenguaje técnico y es fácil perderse entre tantos términos. Pero con columnistas críticos y agudos como Matt Taibbi todos logramos entender (y cuando es meritorio indignarnos) la situación.

Taibbi sabe que cuando escribe la mayoría de sus lectores no tendrán las herramientas para entender un texto largo o complicado. Esta falta de capacitaciones en vez de limitar sus posibilidades ha sido una de los factores más importantes al escribir su columna. Él escribe para nosotros, escribe para que entendamos qué pasa y para que cuando entendamos podamos decidir qué pensar. En un país como Estados Unidos, donde los canales son abiertamente polarizados, la voz de Matt es la posibilidad de pensar y actuar.

No es tímido en el momento de soltar un insulto contra una figura pública a la cual aborrece, por ejemplo de la compañía bancaria Goldman Sachs dijo que es:
“a great vampire squid wrapped around the face of humanity, relentlessly jamming its blood funnel into anything that smells like money.”
The Great American Bubble Machine (Rolling Stone, 2009.)
Su trabajo ha sido altamente criticado por esta falta de “profesionalismo”. Eso que algunos critican es mi más grande halago a su trabajo: la naturalidad y falta de autocensura y miedo para escribir.

La revista Rolling Stone es su plataforma para exponer sus ideas que, aunque de corriente liberal, son críticas con ambos partidos políticos. Es una voz actual, al corriente de todo y sin vanidades que va muy de acuerdo con la postura del medio en el cual publica. Su audiencia son estadounidenses de ambos sexos, en su mayoría demócratas y entre las edades de 18 a 40 años.

Normalmente estructura sus columnas con un título largo y sarcástico. Ese sarcasmo sirve como uno de sus mejores recursos al escribir: la parodia. Al volver extrema una posición también logra exponer su ridículo. Por ejemplo:  Woman Gets Jail For Food-Stamp Fraud; Wall Street Fraudsters Get Bailouts (Noviembre, 2011.) Este es un título clásico de Taibbi, usa la noticia de una mujer arrestada por fraude de cupones para explicar y atacar los fraudes en Wall Street.

Es común que empiece un texto con un lenguaje popular como en la siguiente columna:

“Boy, do I feel like an idiot. I’ve been out there on radio and TV in the last few months saying that I thought there was a chance Barack Obama was listening to the popular anger against Wall Street that drove the Occupy movement, that decisions like putting a for-real law enforcement guy like New York AG Eric Schneiderman in charge of a mortgage fraud task force meant he was at least willing to pay lip service to public outrage against the banks.” Why Obama’s JOBS Act Couldn’t Suck Worse (Abril, 2012.)

El tema de sus columnas usualmente es una noticia coyuntural, se aprovecha de pequeños casos para exponer grandes problemas. Los parte en fragmentos y crea relaciones con los problemas más importantes de EE.UU. En la columna Woman Gets Jail For Food-Stamp Fraud; Wall Street Fraudsters Get Bailouts él cuenta la historia de cómo una mujer mintió para poder alimentar a sus hijos y como el sistema penal la persiguió hasta que pagara más de 4,000 dólares y además cumpliera tres años de cárcel. De manera paralela expone la pasividad judicial contra los cargos de fraude a los grandes bancos y como los verdaderos criminales quedan impunes.

“But white-collar criminals of the type we’ve seen in recent years on Wall Street – both the individuals and the corporate “citizens” – do not suffer these ramifications. They commit crimes without real consequence, allowing them to retain access to the full smorgasbord of subsidies and financial welfare programs that, let’s face it, are the source of most of their profits.”
Woman Gets Jail For Food-Stamp Fraud; Wall Street Fraudsters Get Bailouts (Noviembre, 2011.)

Una vez ha logrado plantear el problema en términos reales concluye exponiendo las incongruencias de la realidad con lo que debería ser por ley. En la columna que he estado exponiendo Taibbi termina con la pregunta de por qué estos criminales todavía tienen acceso a privilegios si es claro que siguen delinquiendo. Otro ejemplo se puede ver en el final de su columna A Christmas message from America’s Rich (Noviembre, 2011):
“But these people don’t have shame. What they have, in the place where most of us have shame, are extra sets of balls. Just listen to Cooperman, the former Goldman exec from that country club in Boca. According to Cooperman, the rich do contribute to society:

Capitalists “are not the scourge that they are too often made out to be” and the wealthy aren’t “a monolithic, selfish and unfeeling lot,” Cooperman wrote. They make products that “fill store shelves at Christmas…”

Unbelievable. Merry Christmas, bankers. And good luck getting that message out.”
Y también en su columna sobre una posible guerra entre los EE.UU. e Irán, Another march to war? (Febrero, 2012):
“But now the public openly embraces circular thinking like, “Any country that squawks when we threaten to bomb it is a threat that needs to be wiped out.” Maybe I’m mistaken, but I have to believe that there was a time when ideas like that sounded weird to the American ear. Now they seem to make sense to almost everyone here at home, and that to me is just as a scary as Ahmadinejad.”

Taibbi da su opinión a través de toda la columna, hasta la explicación de una noticia está marcada por su forma de narrar. La forma mediante la cual escribe todo con un tono de ironía no deja lugar a dudas su posición frente a un tema. Su estilo se podría comparar con un Daniel Samper Ospina gringo, con la diferencia de que la fórmula de Samper Ospina se gasta más rápido porque no cambia de patrón u objetivo. Matt Taibbi escribe sobre deportes también, usualmente habla de una situación en vez de atacar a alguien específico y sus intereses primarios son la economía y la política. Matt tiene un campo de acción mucho más amplio que Daniel Samper Ospina.

Es común que use argumentos ad hominem, lo cuales normalmente se consideran un golpe bajo que no aporta a una postura, pero estos son parte de su ingrediente humorístico en las columnas. Él se puede dar el lujo de soltar este tipo de comentarios porque su argumentación es sólida. Una de las grandes razones por las cuales su argumentación es difícil de rebatir es por su trabajo de investigación antes de escribir. Este es uno de los momentos en los cuales se puede ver claramente la influencia de la corriente de periodismo estadounidense en su método de trabajo. Es completamente minucioso, no hay ninguna fuente que no hubiera sido confrontada y verificada. Esto por supuesto solo logra que su audiencia cree lazos de confianza más fuertes. Esta confianza que en un inicio se cementó en la dependencia hacia Taibbi para que les explicara su propio país, ahora se extiende a una lealtad a sus posturas.

Matt Taibbi logró su credibilidad como columnista con un estilo único, basado en un lenguaje coloquial, y en hacer de todo aquello que parece inalcanzable para sus lectores una realidad comprensible.

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