Ensayo columnista nacional – Gabriela Santamaría

por La hora del escarnio


Tatiana Acevedo es una columnista ideal para El Espectador.

Tatiana Acevedo escribe columnas todos los jueves en el periódico El Espectador. Ella es una de las pocas mujeres que publica y con menos de 30 años tiene una voz clara y una audiencia determinada a la que le habla. Actualmente está terminando su Doctorado en Geografía por fuera del país; antes de eso terminó una Maestría en Estudios Políticos de la Universidad Nacional y es graduada de los Andes en Antropología y Ciencia Política. Su corta edad no ha sido impedimento para tener una formación impecable y usando sus estudios como base Acevedo escribe con claridad, argumentos fuertes y desde una posición liberal.

Tatiana tiene solamente 300 palabras para convencer a su público y maneja su espacio de manera magistral. Como su espacio es más pequeño que el de otros columnistas ella no se puede dar el lujo de dar un argumento flojo, de desperdiciar una palabra. Cada palabra que ella escoge dice algo, construye para el final de su columna. Incluso así, con un espacio limitado, tiene la habilidad de crear imágenes mentales fuertes con una sola frase. Por ejemplo su columna del 27 de octubre de 2010, Los colores de la indignación, empieza así:

“El pasado domingo Hamilton Ortiz Murillo recibió un disparo a quemarropa en el corazón y otro en la cabeza”.

No veo quién podría estar preparado para su entrada, de repente te encuentras en el contexto de un asesinato sin que ella tuviera que darte más información que la que ya te dio. Acevedo usa el recurso de tomar una noticia o una anécdota y de ahí construir una tesis frecuentemente. De la columna anteriormente citada habló de la indiferencia de parte de los medios hacia ataques contra la comunidad afro. Ella no se centra en el debate tradicional, busca algo nuevo, algo interesante: la dimensión social.

A pesar de estar fuera del país desde el 2010, se ha mantenido muy informada de lo que sucede en Colombia. Ella podría hablar de eventos internacionales, que por su ubicación resultaría más fácil, pero se ha mantenido en contacto con la realidad del país. Su elección de temas me parece afortunada pues así logra mantener interesados a sus lectores habituales que la leen por sus observaciones de la problemática social colombiana. Su público son las personas de 18 a 40 años con una orientación política de centro y liberal. Desde que empezó su columna ha tenido comentarios por parte de sus lectores (algunos de acuerdo con lo que dice, otros no), lo cual no garantiza que sea buena columnista, pero sí es síntoma de una postura clara y eso es un ingrediente fundamental al hablar de una gran columnista.

Su postura usualmente ofrece algo no antes pensado, un ángulo nuevo; es esta singularidad lo que la distingue de otros. Aquella dimensión del problema hace que su estilo sea único y reconocible. La estructura de sus columnas usualmente es la misma: un título que tenga un juego de palabras o doble sentido (por ejemplo: Culadas, una columna que habla de Jessica Cediel), una noticia contextualizada en un párrafo y por último, de uno a tres párrafos se direcciona la columna a una postura y se argumenta finalmente. Usualmente termina con una frase que le de fuerza de cierre a su columna, como un buen cuento que gana por knockout. Su lenguaje es claro, concreto y no es afectado; no es una columnista enredada, ella explica su tesis tan bien que es difícil que un lector no la entienda o descubra.

Hay muchos columnistas que en un ataque de entusiasmo comenten un error de juicio o argumentación débil. Tatiana Acevedo no es uno de ellos; ella es crítica y seria. El uso de fuentes es impecable, tanto así que cuando respondió el 8 de junio de 2011 a una columna de Lorenzo Madrigal pudo citar perfectamente de donde había sacado sus citas de Laureano Gómez. Este uso de fuentes responsable y honesta le ha hecho ganar mucha credibilidad y subsana el hecho de que no suele incluir los argumentos contrarios de lo que defiende. Por otro lado, es muy probable que esto se deba al espacio con el cual debe trabajar.

Su primera columna, Belleza mafiosa, nos da un perfecto ejemplo de cómo trabaja su argumentación. La columna empieza explicando que una participante de un reinado de belleza se retiró después de ser atacada con acido. Luego conduce el tema al hecho de que en los reinados usualmente hay un ambiente violento debido a la intervención de la mafia. Termina explicando que a través de estos reinados se disputan las mafias y que por eso los reinados son un símbolo de Colombia. La columna hace un salto grande de lógica, nosotros no sabemos quién atacó a la candidata al reinado entonces la unión con la idea de la mafia podría ser inverosímil. Sin embargo, ella logra que las ideas se conecten de manera natural y le funciona en su forma de estructurar un texto. Este tipo de saltos los hace frecuentemente, pero ella consigue naturalizarlos.

Otro recurso que usó en su primera columna y se repitió es el de hablar de alguien en específico, ya sea el protagonista de una noticia o una persona famosa (Ej.: La anorexia de Enilce, “Se dice de mí” y Mónica, entre otras). En algunas ocasiones se incluye así misma en el texto (Ej.: Fila para ser ciudadano y Bogotá gris de nubes grises). De esta forma acerca al lector a su tema, nos pone el debate en términos reales y logra que sus argumentos sean más contundentes. Esto es vital, ya que aunque habla de personas específicas no suele hablar de debates concretos, sino de conceptos. Por ejemplo, en Cúcuta solapada escribe sobre como en Cúcuta no están practicando abortos aunque ya sea legal y que por esto las mujeres se ven obligadas a recurrir a procedimientos inseguros. En vez de tratar las razones por las cuales deberían aceptar el aborto, Tatiana aborda la problemática desde como una sociedad tradicional afecta la calidad de salud de las mujeres. Al combinar ambas técnicas la explicación es entendible y le brinda nuevas dimensiones al debate.

El otro recurso que utiliza con frecuencia es el de la frase final de conclusión. Esta es usualmente devastadora, Acevedo maneja la simplicidad al escribir con la misma elegancia de Coco Chanel. En El corrupto y su cráneo, una columna sobre la corrupción en Colombia sentencia:

“Y entonces ahí sí podríamos saber por qué es que en Colombia hasta Flanders, el único ñoño de los Simpsons, se torcería”.

La estocada final para derrumbar una posición opuesta. Es aquella frase que desestabiliza al lector y que se asegura de que recordarán su columna.

Entre otros recursos que no utiliza con tanta frecuencia como los anteriores están: “la ñapa”, una frase que utilizó en sus primeras columnas al final del texto en donde dejaba una reflexión distinta para el lector, y el uso del sarcasmo para reducir al absurdo una situación.

 

Su postura es liberal y ha tratado, de manera habitual, en sus columnas los derechos de las mujeres y es una fiel defensora de estos. Suele denunciar maltratos, injusticias, la privación del derecho sobre nuestro cuerpo y la invisibilización o reducción de la mujer en los medios. Ha citado Women’s Link Worldwide en sus textos para defender el derecho al aborto y rechaza cualquier tipo de negación de la figura de la mujer. Entre sus columnas sobre este tipo de temas están: Las locuras del amor, Mujeres con pelotas (¿o es pelotudas?), Don Beto, Don Chucho, Don Julio… y Fe de erratas, entre otras. Con afirmaciones como las siguientes:

Desafiando todos los pronósticos logró que se reconocieran sus derechos al trabajo, a la igualdad y a la seguridad. Y abrió la puerta al reconocimiento de los derechos laborales de los miles de trabajadores sexuales en el país. Quisiera saber su verdadero nombre para brindar por ella. ¡Salud!”(La inspiradora lucha de la “Señora LAIS”.  Octubre, 2010.)

 

“No hay que ir hasta el Llano para escuchar que las mujeres tenemos tendencia a ser tramposas, “vagabundas”, brutas y estamos interesadas en quedarnos con la plata de los varones, basta con abrir el periódico, prender la televisión o sintonizar la radio.” (Don Beto, Don Chucho, Don Julio… Enero, 2011.)

 

“Esta “victimitis aguda” que infantiliza a las mujeres (muñecas de la mafia o de TV y Novelas) omite que la decisión adulta de cambiar se sustenta, también, en un frío cálculo de costo/beneficio: movilidad social, oportunidades laborales, seguridad, relaciones sentimentales.” (Culadas. Noviembre, 2011.)

 

Tatiana Acevedo es el tipo de columnista ideal para El Espectador, el periódico más respetado del país, no porque sea de visión liberal o porque sea parte de la cuota de mujeres publicadas; sino porque tiene una voz inconfundible y una argumentación impecable. Y es a esto a lo cual todos los columnistas deben apuntar.

Anuncios