ENSAYO SOBRE COLUMNISTA NACIONAL MARÍA ELVIRA SAMPER

por La hora del escarnio


Un periodismo limpio, decente y respaldado por la vida

María Elvira Samper, filosofa de carrera y periodista de oficio, fue estudiante de Filosofía de la universidad de los Andes. Con una actitud rebelde, tildada de anarquista, siempre defendiendo los derechos de la mujer y con un tinte de feminismo, dejó huella en el Noticiero de las 7 y Noticiero QAP, donde trató y denunció temas sobre política, narcotráfico y corrupción. Juan Carlos Piedrahita, publicó un artículo sobre la periodista en el que la muestra como una mujer polifacética y emprendedora. “Ella escribía las reseñas literarias en la revista Nueva Frontera y colaboraba en la realización de Consultorio Jurídico; además tenía en su haber las décadas en las que su abuelo Luis Eduardo Nieto Caballero (LENC) y su mamá, Lucy Nieto de Samper, ya habían cosechado en este oficio”. Ejerció como Jefe de redacción de la revista Semana además de presenciar su nacimiento. Uno de los golpes más fuertes en su vida, fue el cierre de la revista Cambio, donde escribía con un tono de crítica, mientras que eso no era lo que se quería para la revista. Actualmente, ejerce como columnista de opinión en el periódico El Espectador y es allí donde empieza a lanzar sus críticas características de denuncia y sentido del humor.

María Elvira, utiliza un estilo muy centrado, en el que no tiende a desviarse en los temas, sino que desarrolla una idea por un camino determinado y concreto. Y aunque en sus columnas encontramos toques de humor, no traspasa la raya de la exageración y conserva la pulcritud en sus escritos. Es una de las pocas personas en el oficio, que ha vivido muchas experiencias casi que en carne propia, y no muy bien librada, ha tenido que levantarse una y otra vez, comenzando proyectos y sacándolos adelante contra viento y marea. Estas vivencias le han dado un amplio campo no solo en experiencias sino también en saber de lo que escribe y saberlo escribir. A María Elvira, le gusta escribir sobre guerra y política. También mezcla uno que otro tema de derechos, pero muy pocos o casi que ningún tema ligero. Esta periodista, es muy coherente con el medio en el que escribe, pues El Espectador, tiene un corte liberal muy marcado, en el que la denuncia y los temas de derechos y política, ocupan un lugar principal. Lo que María Elvira dice, no afecta ni su medio, ni su credibilidad, pues los temas y pensamientos van casi que de la mano el uno con el otro.

María Elvira, escribe para un público que no necesita saber mucho del tema para entenderlo. Esto, no se debe a que sus escritos sean ligeros, sino que el lenguaje que emplea es muy claro y conciso. Además, ella aborda el tema de tal forma que explica y formula un panorama de contexto, por lo que así el tema no se maneje, sus columnas siempre van a estar muy claras y explicitas. Esto lo podemos ver ejemplificado en el siguiente párrafo de su columna “Una cáscara vacía” donde dice: “Manuel Ruiz se llamaba la víctima más reciente, un líder de las comunidades negras de Curvaradó y Jiguamiandó (Chocó). Su muerte estaba anunciada, pues había recibido varias amenazas por reclamar territorios ocupados de mala fe por beneficiarios del paramilitarismo. Su hijo Samir, de solo 15 años, corrió la misma suerte. Fueron asesinados por las ‘Águilas Negras’. Sus llamados para pedir protección al Ministerio del Interior no fueron oídos. Como Ruiz, y por la misma causa, han sido asesinados otros seis líderes de esas comunidades, y 40 más en Córdoba, Sucre, Bolívar, Antioquia, Nariño, Cauca y otros departamentos. Y hay más de 400 amenazados de muerte.”

Su relación con el público es muy buena en general, pues por ser una mujer casi que de la historia, su credibilidad es amplia y su palabra es respetada. Sin embargo, y el punto que quiero plantear en este ensayo, va hacia la hipótesis de que María Elvira, aun siendo muy buena y coherente en su oficio, tiene ciertos momentos en donde pierde un poco el hilo, atreviéndose a declarar argumentos en defensa de un periodismo libre e independiente. El problema no es que hable sobre esto, sino que habla de esto como si realmente existiera. Una de las críticas más grandes a su trabajo es el hecho de que parece que la periodista se monta de vez en cuando a una nube idealista en la que el periodismo libre y de denuncia, es atacado por diferentes entes ya sea la guerra o la corrupción, sin tomar en cuenta que el verdadero periodismo independiente no existe. Esta es una de las mayores críticas a María Elvira, pues declara estos argumentos de libertad de prensa como si realmente existieran, siendo ella una de los mayores ejemplos de censura, vistos en sus antiguos cargos laborales.

De todas formas, la mayoría de los comentarios a sus columnas, o son felicitándola por su buen trabajo, o agregando puntos y sobresaltando sus argumentos, o generando nuevas preguntas a partir de sus escritos, por lo cual, sabemos que el periodismo que realiza, es claro, transparente y bien apreciado por el público.

La estructura de sus columnas son bastante claras, me gusta este estilo, porque no se pone  a enredar al lector, sino que le brinda un camino por el cual coger para entender su punto inicial. Normalmente pone el tema en cuestión en el primer párrafo, haciendo una síntesis del contexto y explicando un poco el tema, pero siempre planteando su punto principal. En los siguientes párrafos se dedica a raspar los temas y argumentos, de manera clara y entendible. Maria Elvira, habla con seguridad aunque dice ser muy insegura, y habla con nombres propios y sin tapujos. Expone sus puntos con cifras y argumentos que respaldan sus ideas. Tiene una gran ventaja y es el saber y manejar los temas de los que escribe. En sus columnas se siente que domina los temas y no pierde oportunidad de denunciar o criticar sus objetivos. Una cosa que si es característica de ella, es que los títulos de sus columnas, no son muy llamativos ni explosivos, por lo que casi no invita a leerlos. Además, muchos de sus títulos se parecen, incluso hay dos columnas que se llaman casi igual, sino que una está en singular y la otra en plural. María Elvira, utiliza un humor muy por debajo de cuerda, pues se mofa de sus “victimas” sin destrozarlas ni acribillarlas en el proceso. Se limita  a decir su opinión, de forma honesta y esto le sale irónico.

María Elvira, hace uso de la retórica, de manera limpia y creíble, pues se expone abiertamente, dice lo que le gusta, sus inclinaciones y preferencias, y además sustenta el porqué de esto. Me gusta su estilo, porque no tiene que poner en la esquina a su oponente, sino que de manera muy limpia y educada plantea sus opiniones solidamente. En su columna “Verde que te quiero verde…” hace explicito este estilo sin pasarse al otro lado, de la exageración y la falta de contenido, demostrando una particular forma, respaldada por su conocimiento, sus años de experiencia, su investigación y su decencia literaria: “Y aunque en la mayoría de los partidos hay candidatos con credenciales suficientes como para votar por ellos, yo me inclino por el Partido Verde (verde esperanza, que es lo último que se pierde). Me gusta el mensaje que envían los “tres tenores”, y es el de que, pese a las diferentes coloraturas  de sus voces, es posible cantar en la misma ópera. El Partido Verde representa una opción distinta, constructiva, respetuosa de las diferencias. Además, los tres ex alcaldes han demostrado que es posible deponer los protagonismos personales en función de una apuesta común: un país más equitativo, más democrático y más justo. Un país decente, sin influencia de las mafias”.

CATALINA SALAZAR

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