Mauricio García Villegas: el hombre de la justicia

por La hora del escarnio


 

Hay quienes prefieren hablar y mirar los temas coyunturales del país desde la academia, desde una mirada única que no se basa ni se casa con ideologías o partidos políticos.  Entre ellos está el columnista del periódico El Espectador y socio de Dejusticia:  Mauricio García Villegas.

Después de leer varias columnas de Mauricio García Villegas, llegué a la conclusión que son construidas a partir de una preocupación del autor sobre  la importancia de dejar de lado opiniones propias, intereses particulares o creencias, a la hora de tomar decisiones políticas o judiciales en un país. Cuando esto se incumple, nacen las injusticias y problemas sociales. Por eso, varias de sus columnas son críticas a: la religión católica que está en contra de las sentencias de la Corte Constitucional sobre el matrimonio gay; a la reforma de justicia que favorece a los congresistas corruptos; a la extrema derecha  religiosa, patriótica, militarista, alarmista y antiliberal” que cada vez tiene más seguidores; al “nacionalismo parroquialista” que hace que las cumbres de países fracasen; a los negacionistas, como Álvaro Uribe, que no ven más allá de lo que piensan.

García Villegas Nació en Manizales, en 1959. Es abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana y es Doctor en ciencia política de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Trabajó como Magistrado Auxiliar de la Corte Constitucional en Colombia y fue Director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad de Los Andes en Bogotá. Con lo anterior, es evidente que sus críticas parten desde una perspectiva neutral, desde la justicia. Sin embargo, sus textos lo inclinan a una ideología neoliberal.  Toda su vida se ha dedicado a la academia. Actualmente, es profesor de la Universidad Nacional de Colombia.

Mauricio García Villegas publica todos los sábados, desde el 2008, en el diario El Espectador. Este es el periódico más antiguo de Colombia, que cuenta con 1.850.400 lectores. Si bien no es el más leído, tiene gran prestigio en la sociedad colombiana por ejercer un periodismo independiente. Siempre ha defendido las ideas liberales y su línea editorial es neutra. Es importante tener claro que una de las secciones por las que El Espectador es reconocido es por opinión, por tener a columnistas preparados como García Villegas, quien es afín con el diario. Recordemos que este columnista está a favor de las libertades individuales, como la legalización de las drogas o el matrimonio homosexual.

La estructura que, usualmente, presenta Mauricio García es el de iniciar con un dato que luego une con una problemática actual, que desarrolla durante la columna. Finalmente, relaciona  dicho dato y la temática y cierra con una conclusión. Por ejemplo:

-Introducción: “Un fundamentalista es alguien que siempre acomoda la realidad a lo que cree y por eso nunca está dispuesto a adaptar sus principios a los cambios que ocurren en el mundo.”

Tema:Al leer esta semana una columna del ex presidente Uribe sobre la lucha contra las drogas ilegales (en El Colombiano), pienso que estamos ante otro caso de negacionismo… Algo similar pasa con el tema de las drogas ilegales. Ante las evidencias que muestran los resultados positivos de políticas como la reducción del daño o la legalización regulada, implementadas en países como Holanda y Portugal (ver estudio de Douglas McVay en Drugs and Society), los negacionistas, con una mueca liberal, se declaran escépticos y piden pruebas más contundentes.

– Conclusión: El negacionista vive en una especie de mundo intelectual al revés: ante la duda razonable se vuelve asertivo y dogmático; ante las evidencias fácticas, en cambio, reivindica la vacilación. El negacionista tiene trastocadas las operaciones mentales de la duda y la certeza. Eso se debe a que lo suyo no es la verdad, sino la adaptación del mundo a sus creencias.”

A través de los “negacionistas” habló sobre el caso específico de Álvaro Uribe Vélez, quien insiste en una lucha contra las de las drogas aunque las estadísticas le demuestren lo contrario. Por supuesto, Mauricio García está a favor de la despenalización.  El columnista intenta siempre tener un hilo conductor entretenido que haga atractivo al texto. Aunque este es la estructura más utilizada, García varía todo el tiempo. En las columnas leídas hubo una carta a un amigo y críticas de noticias de actualidad. Sin embargo, la predominante es la explicada anteriormente. Por otro lado, los argumentos para sustentar las tesis se encuentran en la mitad de las columnas y siempre son desarrollados. García es muy cuidadoso con no dejar frases sueltas, siempre las articula con las demás. A veces, nombra los argumentos al comienzo y los desarrolla después con mayor profundidad, pues sus columnas son extensas, en comparación con otros columnistas.

Una crítica para Mauricio García es que no dice desde el comienzo el tema que tocará en la columna. En varios textos, hasta el cuarto párrafo habla sobre un dato que al final se convierte en su hilo conductor. Esto le puede llevar a que los lectores se aburran y dejen el artículo antes de llegar a la crítica. De la misma manera, García tiene títulos muy escuetos y no llamativos. Muchos de los textos sólo se limitan a nombrar el tema que nombrará. Por ejemplo, “Reforma a la justicia”. Es importante que un columnista juegue con el título, pues un lector llega al artículo así el tema no le interese. Así, le da el chance de acercarse sin prejuicios y hasta logra que lo lea todo.

El ritmo de las columnas de Mauricio García es lento. Como toca temas tan densos, como la reforma a la justicia, debe explicar muchos términos o justificar sus argumentos de tal manera que el lector entienda. Al leer sus artículos de opinión, muchas veces, sentí que estaba revisando un ensayo, no sólo por lo trascendencia de los temas que toca y los argumentos que ameritan mayor profundidad, sino porque utiliza varios argumentos de autoridad y muchos entre paréntesis de aclaración.

““La política de la esperanza —decía Francis Bacon— es uno de los mejores antídotos contra el veneno del descontento”.”

“Por eso, Samuel Johnson decía que “Donde no hay esperanza no hay esfuerzo”. Y es verdad, con la esperanza la gente se vuelve luchadora y voluntariosa.”

La definición más bella que conozco del afecto entre amigos la leí en Aristóteles: “La amistad —dice el filósofo— es un alma atrapada entre dos cuerpos”. Siguiendo la lógica de esta definición, cuando uno de esos cuerpos padece una enfermedad, el alma compartida del amigo aliviado sufre casi por igual.”

García Villegas no utiliza tantas figuras literarias, a menos que estas ayuden a explicar lo que quiere decir de un tópico complejos. En la columna de la reforma a la justicia, utilizó una metáfora que funcionó muy bien para la crítica que él quería transmitir:

Digamos también que la casa amenaza ruina y que por eso hay que adelantar reformas locativas de fondo. Supongamos, por último, que usted se va de viaje y que deja a su copropietario encargado de adelantar esas reformas. Dos meses después, cuando usted regresa, su amigo le muestra los planos de la reforma que piensa adelantar. Allí no sólo se ven algunos de los cambios acordados inicialmente por ustedes sino también, para su sorpresa, se observa una lujosa remodelación y ampliación del cuarto de él (no del suyo).”

No hay duda que la figura literaria más utilizada es la antítesis. Sus argumentos se basan en comparaciones y contraposiciones de pensamientos e ideas. La mayoría de veces la utiliza para atacar a la iglesia católica o al procurador cuando se interponen en procesos sociales o sentencias judiciales por defender sus creencias. Siempre enfatiza en la secularización. También,   en su columna “Le Pen y Santuorum”, él contrasta la extrema derecha de Francia, Estados Unidos y Colombia.

El retrato fue también muy frecuente en sus columnas. Describe muy bien a Juan Jaramillo, a quien le escribe una carta. Y al procurador Ordoñez de quien nombra su moral y manera de actuar muy criticada. Así mismo, utiliza la interrogación retórica como recurso para reafirmar su posición.

“Más aún, Juan tiene esa virtud que, creo yo, es la quintaesencia del trabajo intelectual; me refiero a la capacidad para tomar distancia crítica con respecto a las ideas, las instituciones y las personas; incluso cuando esas ideas son las propias, esas personas son las más cercanas y esas instituciones son aquellas en las cuales uno trabaja.”

“¿Será posible, a estas alturas, mejorar este accidentado proyecto?”

¿Al fin qué? ¿Tienen o no tienen dignidad y derechos?”

La voz de sus columnas es la de un hombre tranquilo y pasivo que no necesita utilizar exclamaciones para darle fuerza y emoción a sus argumentos. Y eso se debe, en su mayoría de veces, porque utiliza un lenguaje especializado, que nos indica que más allá de ser una simple opinión, García Villegas tiene la razón porque es un estudiado de las leyes que se limita a lo que está estipulado en la constitución.  En sus textos no se encuentran términos coloquiales u opiniones personales sin fundamentos políticos o judiciales.

No todo el mundo lee a Mauricio García Villegas y quien lo hace es alguien interesado en una mirada crítica desde la justicia, desde las leyes. El columnista intenta mostrar los temas densos de una manera más sencilla, así que a pesar de ser para un público mayor, todos pueden entender sus puntos de vista. Su lectura es para personas que disfrutan un texto lento, que están atentos a cada afirmación que García Villegas escriba. Este autor marca una distancia con sus lectores y nunca los involucra en su escritura.

Sus foristas, en su mayoría, escriben comentarios en los que están acuerdo con sus opiniones. Aunque hay otros que están en desacuerdo, éstos lo argumentan muy bien y con respeto. Es muy interesante ver cómo en García Villegas no es usual que los foristas lo insulten por banalidades, sino que hay una discusión de fondo. Eso me lleva a pensar que quizá su público tiene una formación y que está interesado en que el debate continúe.    

Sus críticas son de los problemas coyunturales, por supuesto, actuales y colombianos. Siempre trata de escribir desde otra perspectiva en el que se abordan las noticias. Por ejemplo, opina sobre estudios, videos de Internet, columnas de otros, el puntaje de partidos políticos en elecciones, etc. En cambio, cuando comenta sobre los temas generales,  hace un tratamiento igual a los demás columnistas, como la despenalización de la droga y la reforma a la justicia: a favor, en contra. Todo lo que escribe es relacionado con un hecho actual.

En cuanto a las falacias, sólo encontré en la columna “Le Pen y Santorum” cuando afirma que la extrema derecha colombiana es “antielitista”. Por supuesto que no lo es, porque nuestra extrema derecha es la élite del país. Por último, Mauricio García Villegas al hablar de temas tan generales recae en lugares comunes, como la crítica a la Iglesia o al presidente Álvaro Uribe. A pesar de lo anterior, Mauricio García Villegas es el hombre de la justicia, de la neutralidad: no sólo mira los problemas desde sus opiniones, sino desde lo que su herramienta predilecta, la justicia, estipula. Es un hombre que siempre actúa de acuerdo a la ley.

 

Por: Laura C. Dulce Romero

 

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