Perfil de un existencialista

por La hora del escarnio


Robby Ospina – @robbyao

Antonio Caballero, creció entre tres familias. La Holguín Dávila – la materna -, la Caballero Calderón – de su padre – y la propia. A los 8 años decidió no volver al colegio de curas. Y a los 16 leía a Albert Camus y a Marx. De su infancia y adolescencia data ese sentimiento que denominaremos ‘rechazo a la autoridad’. Viajó a Francia en 1962 y vivió el Mayo del 68. En París se educó y se hizo de izquierda utópica, a lo Kropotkin.

 “La izquierda representa una cosa que a mí me gusta, que es la libertad. Para mí la izquierda es la libertad, o la posibilidad de libertad, mientras que la derecha es la autoridad. La libertad es una cosa por la que hay que luchar permanentemente, puesto que no existe en la realidad”, le contó a Juan Carlos Iragorri. Pero más que de izquierda, Caballero es un periodista, digamos, existencialista, a lo Sartre. Ya veremos por qué.

Desde los 14 publica en los periódicos. Primero dibujitos y después columnas. Trabajó para una decena medios. Pero, quizá, confiesa, su labor periodística se resume en los años de Cambio16 (revista española de oposición a Franco) y de Alternativa (publicación de izquierda en Colombia, que circuló de 1974 a 1978). “Fíjese: tal vez lo más importante que yo he hecho en toda mi vida han sido esos años de Alternativa, tan trabajosos, tan insatisfactorios y, si se quiere, tan inútiles. Pero tan inspirados por algo que me atrevo a llamar esperanza.”

“Yo no he hecho otra cosa que tratar de seguir haciendo lo que hacía en Alternativa”, dijo en 2002. Y lo que hacía era expresar su desprecio por toda idea de gobierno y privilegio, su asco por la autoridad de la Iglesia y, lo que podría decirse, su hedonismo en materia de arte (incluido el amor por las corridas de toros). Caballero, también, es un artista. En 1984 dio a conocer su única novela, Sin remedio, un cuento largo que habla sobre lo difícil que es escribir poesía.

En Sin remedio, se lee una reflexión de Ignacio Escobar, personaje:

“A la una y media de la tarde las cosas se congelan en una gran quietud universal que remeda la rigidez de la muere: inmóviles, bañadas en una luz inerte, (…) Todas las cosas están entonces unidas entre sí… En resumen – se dijo Escobar – todas las cosas acaban siendo cosas; sólo cosas, tal vez intercambiables. Da los mismo, y quizás es lo mismo, orinar que mirar por la ventana”, (Caballero, 2003) 

Hay un tufillo de desilusión en Ignacio Escobar. De cobardía, de indiferencia por lo que se mueve más allá de su mundo interior. Pero subsiste la idea de convertirse en un torbellino de vida en medio de un mundo lleno de estiércol. Escobar recuerda a Meursaualt de El extranjero de Camus y, en cierta medida, a Roquentin de La náusea de Sartre. A personajes que son hedonistas, ateos, indiferentes y que, sobre todo, procuran vivir dignamente, humanamente (atendiendo a sus urgencias sensoriales). A este tipo de sujetos se les llama existencialistas. Escobar lo es, y Caballero no se queda atrás. Y lleva ese modo de ser  al periodismo, a sus columnas.

Naturalmente.  Pues toda su creación está atravesada por ideas y opiniones comunes. Sin remedio, entonces, se vincula con Cambio 16 y Alternativa. Así hasta llegar a sus artículos de opinión más recientes publicados en la revista Semana. Digamos, entonces, que Antonio Caballero no es un columnista de izquierda, sino uno de los pocos (por no decir el único) periodistas existencialistas del país. Sus columnas cumplen con estos cuatro criterios:

  • Reflejan un posición hedonista
  • No pretenden convertirse en cánones de verdad
  • Expresan sentimientos de desilusión y desencanto (más que de oposición), y
  • Suelen manifestarse en contra de la Iglesia y la religión

Caballero, escribe columnas hace 45 años. Y siempre, (casi siempre), mantiene la misma línea: crítica a la autoridad, llámense Fuerzas Armadas o Gobierno. “Semana a semana descuartiza con su pluma la realidad colombiana, haciendo uso magistral de la lógica para revelar lo absurdo del país y del mundo, del presente y del pasado. El mundo de Caballero no tiene grises: todo es blanco o negro”.

“Por lo general mucho más negro que blanco. En los últimos años quizá sólo ha escrito un par de columnas para hablar bien de algo o alguien, y siempre se ha rectificado posteriormente. Pero pocos pueden abstenerse de leerlo, porque refleja a la perfección el delicioso pesimismo estructural de los colombianos.” Al punto que es el columnista más leído de país, según Eduardo Santos Calderón.

Dice Calderón que Caballero es un buen periodista. Porque sus columnas tratan un solo tema a la vez y con claridad. Además, ese mundo creado por él es coherente y gira entorno a los principios de que ‘todo lo pasado fue mejor’ y ‘lo peor está por venir’. Ejemplo de esto son la centena de columnas que escribió sobre el ex – presidente Álvaro Uribe y lo que ha llamado la ley histórica: según la cual en Colombia todo presidente es peor que el anterior. Véase al respecto, http://www.semana.com/opinion/peor-santos/137399-3.aspx

Antes de pasar a ver el existencialismo en sus columnas, otra característica del periodismo de Antonio Caballero: la naturaleza de sus argumentos. Estos son, la mayoría de las veces, de orden histórico. Lo que quiere decir que para fortalecer su opinión recurre a situaciones del pasado que corroboran su idea acerca de las consecuencias de determinada política.

Ejemplo, columna de 15 de octubre de 2011, sobre el TLC

“Dijo eufórico, como está siempre desde que es presidente, el presidente Juan Manuel Santos a propósito del TLC: – Es el tratado más importante que hemos firmado en nuestra historia -.

Comparto su opinión. Creo que es más importante aún que aquellos que firmaron hace quinientos años, sin saber firmar, los caciques indios que eran los presidentes Santos de tiempos de la Conquista. Cuentan los cronistas de Indias que los conquistadores españoles les mostraban espejitos, y ellos, eufóricos al verse tan buenos mozos, les entregaban Eldorado a cambio: la tierra, el oro, el agua, su trabajo, sus niños como esclavos.

El TLC con los Estados Unidos no es un tratado: es un acta de sometimiento”, (Revista Semana)

Por último, algunos títulos de Caballero hacen referencia a obras de literatura universal, que según afirma, podrían describir la realidad del mundo contemporáneo. Véase, Rebelión en la Granja I y II (http://www.semana.com/opinion/rebelion-granja-ii/174307-3.aspx). Y La derrota de Voltaire (http://www.semana.com/opinion/derrota-voltaire/173470-3.aspx). Ahora, algunas citas de sus columnas que expresan ese sentimiento existencialista.

  • Hedonista

“Los toros, al margen de ser una salvajada, son un ritual y una fiesta y están lleno de infinidad de variedades estéticas. Y son el único arte en el cual se juntan verdaderamente el juego estético con el peligro de la muerte”

  • Desilusión y desencanto

“[Obama] no ha sabido estar a la altura de las inmensas esperanzas de cambio que despertó en campaña presidencial de hace tres años, con su deslumbrante retórica de promesas y su consigna de: ¡Si podemos!”

  • Contra la Iglesia

“Critico en general que se inmiscuya Dios, que sus autodesignados representantes lo inmiscuyan en la política. El gran logro de la Ilustración había consistido precisamente en expulsarlo de ella mediante la separación de la Iglesia (las iglesias) y el Estado”

  • Lejos de la verdad

“Uno cosa es querer hacer justicia y otra pretender ocultar la historia. Es posible defender y también condenar tanto la toma como la contratoma [del Palacio de Justicia en 1985] : pero no es posible negarlas. La historia del mundo, u no sólo la de este país, está tejida de olvidos históricos, que son indispensables”

Ese es un breve perfil de Antonio Caballero: un existencialista

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