¿Qué irá a decir Cecilia Orozco Tascón sobre esto?

por La hora del escarnio


Hoy columnista de El Espectador y directora de Noticias Uno, Cecilia Orozco Tascón estudió periodismo en la Universidad Javeriana y  luego hizo un posgrado en Ciencias Políticas.  Ha trabajado durante muchos años en medios impresos y en televisión, entre ellos en CM& , Hora Cero y El Tiempo. En 2010 se ganó  el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar a mejor columna de opinión por La fiscalía se quedó a mitad de camino, donde denuncia la complicada trama de relaciones entre los hermanos Mario y Víctor Horacio Uribe, el entonces presidente Álvaro Uribe y  varios narcotraficantes.  Además publicó en 2002 el libro ¿Y ahora qué? Futuro de la guerra y la paz en Colombia.

Cecilia Orozco utiliza su espacio semanal en El Espectador para denunciar los descaros y absurdos del gobierno y la política colombiana; lo hizo con Uribe (a quien continúa criticando) y lo hace ahora con Juan Manuel Santos, los ministros, el Congreso. Sus estudios, sus largos años de experiencia y la calidad de su trabajo le dan una seguridad al escribir y una capacidad de análisis que otorgan gran fuerza a sus columnas.

El Espectador se caracteriza por ser un periódico de corte liberal que busca defender los derechos de los ciudadanos, principio que le viene muy bien a Cecilia Orozco, quien en sus columnas denuncia las injusticias e incongruencias del sistema y siempre ataca los beneficios que injustamente reciben quienes están en posiciones de poder. Publicar en este medio le da el beneficio a Cecilia Orozco de contar con una gran cantidad de lectores que comparten sus principios ideológicos y  esperan leer columnas críticas, directas e inteligentes, como las que ella escribe. Esto, a la vez, le supone una presión producto de la expectativa que se ha creado alrededor de su trabajo. Entre los comentarios que dejan sus lectores en la página web de El Espectador, siempre aparece algún uribista rajado que le urge superar el tema del ex presidente.

Las últimas noticias de la realidad nacional, (sobre todo política, aunque también es defensora, por ejemplo, de los derechos de las mujeres) son la materia prima de sus columnas. Tiene esa capacidad de tomar una noticia, analizarla, desguazarla y presentar claramente el verdadero trasfondo del tema, con sus posibles consecuencias. Lo hace así en su columna sobre la nueva reforma a la justicia, en la que enumera los puntos más importantes de la reforma y explica qué significa cada uno:

“1. Eliminación de los impedimentos que prohíben a los miembros del Congreso votar un asunto que los beneficie. Estarán habilitados para participar en la reforma y sus leyes derivadas y, entrando por ese boquete, en todo lo que les convenga personalmente.
2. Entorpecimiento de la sanción de pérdida de investidura. Lo que antes era un trámite rápido, mañana será lento (duplicación de tiempos procesales e instancias), difícil (indeterminación de causales) y laxo (castigo de suspensión, antes de destitución).
(…)
5. Desaparición de la medida de privación de libertad para los congresistas hasta cuando sean condenados. Mientras se nutren sus procesos, sin importar la gravedad de lo investigado, podrán seguir votando leyes”.

Estos temas que maneja suelen ser complicados pero Cecilia Orozco los explica para el lector más sencillo. Su opinión es siempre clara y directa, dejando en evidencia una tesis que suele ser enormemente crítica. Esta tesis, además, nos la presenta de manera ordenada, párrafo a párrafo, utilizando argumentos evidentemente basados en investigación que, por tanto, se vuelven casi irrebatibles.

Pero que utilice cifras y datos no significa que sus columnas se vuelven una hilera de información. Todo lo contrario, Orozco Tascón utiliza imágenes y escenas, frases llenas de humor inteligente y signos de exclamación, manejando un hilo narrativo que lleva al lector desde el inicio hasta el final de sus columnas sin titubeos ni bostezos.

Entre los recursos que utiliza para lograr esta fluidez narrativa está, por ejemplo, el de personificar instituciones, lo cual también le da fuerza a sus argumentos porque hace que el lector se forme una imagen clara en su mente de lo que sucede en organismos que, por lo general, se le presentan como figuras casi abstractas. Otra columna sobre el cinismo que rodea a la reforma de justicia funciona como buen ejemplo de ello: “Y la Rama Judicial, lesionada en su independencia y dignidad, agachará la cabeza, en parte por su falta de carácter y, en parte, por el pedacito de reforma que comprará su silencio”.

A los sucesos que aparecen en las noticias en primera plana y de los que probablemente ya la gente se haya cansado de leer, Cecilia Orozco les da un nuevo brillo con buenos títulos, buenos inicios y, sobre todo, con un análisis agudo y muchas veces inesperado de la noticia. Por ejemplo, cuando bajó el índice de popularidad de Santos, Cecilia Orozco lo analizó desde el punto de vista de sus posibilidades de ser reelecto y de las estrategias que podría usar para lograrlo, dividiendo al presidente en un two-face al mejor estilo Batman. La tesis de Cecilia Orozco se basa en que Santos tendrá que decidirse por una de sus dos caras y eso será lo que definirá su reelección, por eso se pregunta, con un juego de palabras: “¿Santos es el santo de los pobres y sus derechos vulnerados? o ¿Es el Papa de la protección de sus colegas cercanos?” y concluye: “Más temprano que tarde se sabrá. En todo caso, antes de la fecha de la reelección”.

Sus columnas tienen carácter de denuncia, de “esto está pasando y es inaceptable: sépalo y proteste conmigo”. Sus palabras pican con furia e ironía a ministros, magistrados y al propio presidente, de quien dice, en una columna sobre José Antonio Ocampo y los últimos liberados de las Farc:

“Como lo han hecho sus antecesores, el presidente salió, en segundos, ante las cámaras, al lado de los exsecuestrados. Cobraba así, el crédito. El show inaceptable en otros, es bueno para sí. En un mundo de vanidades como el que prima en el entorno político, es común que se nieguen las cualidades del contrario. O incluso, que se incentive su liquidación profesional y ética. Lo diré con franqueza: la actitud del mandatario frente a Ocampo y Córdoba raya en la mezquindad. De humanos son los sentimientos egoístas. Pero de quien es hoy el número uno de los colombianos se esperaría que tuviera, no ya un espíritu generoso, pero sí el sentido de la oportunidad”.

Esa franqueza al hablar y lo evidente que resulta que no se siente intimidada por la autoridad, le dan a la columnista un elemento importantísimo que hace que sus lectores se pregunten, divertidos, “¿qué irá a decir Cecilia Orozco Tascón sobre esto?”.

 

Daniella Mendoza.

 

 

 

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