Usted es el próximo preso de este país

por La hora del escarnio


Apolinar León perdió su cédula y terminó en la cárcel, fue condenado por porte ilegal de armas. Alexander Amaya fue suplantado por su hermano medio y hoy está condenado por hurto agravado. Leonor Rueda le hizo un favor a su mejor amiga para que  recibiera un giro del exterior a través de su cuenta, y ahora es procesada por lavado de activos. Casos como los de ellos visualizan el riesgo, en el que estamos todos, de caer en el ‘talego de la impunidad’.

Los 3 son víctimas del sistema penal colombiano, un remedo prematuro del norteamericano. No podemos confiar en nuestro poder judicial y ese es el costo de copiar a los gringos en el marco penal. La impunidad que nos abraza, según la Corte Interamericana de Derechos Humanos, corresponde a la “falta de investigación,  enjuiciamiento, condena de los delincuentes y reparación a la víctima”.

En Colombia la velocidad con la que se generan los delitos es mayor que la velocidad con la que el Estado los atiende, por eso nuestra ‘oferta de justicia’, lo que necesitamos que resuelvan los jueces, y la ‘demanda de justicia’, lo que los jueces resuelven, son tan desproporcionales que solo aumentan el peligro para cualquier colombiano.

Pretendemos resolver todos los males del país mediante la aplicación del sistema penal. El afán por encontrar criminales condena a quienes pueden no serlo. Lo grave es que no se puede cuantificar los casos impunes, por eso tampoco podremos saber exactamente cuántos verdaderos criminales están libres.

Según un estudio desarrollado en el 2010 por los expertos internacionales Sneider Rivera y Luis Barreto, la impunidad en Colombia está en 93%. Para controlar esta alarma que siempre hemos tenido y evitar meter más ciudadanos inocentes a la prisión se implantó, de manera apresurada, un dudoso sistema penal colombo-norteamericano; que se caracteriza por su carácter reactivo. Trabaja en la gestión de la criminalidad en sí misma, pero no su prevención. Se basa en perseguir a los delincuentes como si el delito fuera un fenómeno natural en los ciudadanos. Lo que no es así, los delitos tienen una explicación social por un conflicto interno.

Si el Estado colombiano continúa con esta postura represiva frente al crimen, y expande la criminalización de conductas, la eficacia del sistema penal será limitada y colapsará.  Necesitamos utilizar un derecho penal mínimo que es una propuesta que requiere menos gasto público. Le podemos apostar a una justicia que no utiliza medios punitivos o autoritarios y que reconoce que el derecho penal no es el único medio, ni tampoco el más importante, para prevenir los delitos.

La situación de Leonor, Alexander, Apolinar o la de cualquiera de miles de ciudadanos que vivimos en el anonimato está demandando construir una nueva manera de pensar los problemas de la justicia colombiana. Creo que es necesario pensar en este sistema que dedica más recursos a castigar a un ciudadano de los que ese ciudadano, muchas veces inocente, está en capacidad de generar.

 

Corrección 1: Daniel Alejandro Pinilla Cadavid

Anuncios