Casi me pongo el gorro

por La hora del escarnio


Columna corregida:

El 6 de febrero de éste año entré en pánico y decidí aumentar una prenda de vestir: de ahora en adelante me pondría gorro todos los días a las 6:30 de la mañana para montarme al bus. No me lo podría quitar ni en la universidad, ni en las caminadas que hago normalmente los sábados a Usaquén y mucho menos me lo podría retirar los días que tuviera que ir al centro de la ciudad a hacer alguna vuelta. Y me dije: ¡qué horror tengo que esconderme el pelo y llevo más de dos años dejándomelo crecer!

Para mi no era normal la inconformidad. Yo fui de las que tomé Biotina para que el pelo se me viera un poquito más arriba de la cintura, compré más de cuatro tarros de shampoo de caballo porque pensaba que se me había quedado estancado y le eché la culpa al peluquero por su mala mano o por cortarlo en luna menguante. Y me indigné, tanto  así que, sin exagerar, al otro día de salir la noticia del robo del pelo le puse más cuidado a él que a mi BlackBerry.

 Todo esto surgió por “el robo de Arlen Luna”, a quien le quitaron 20 centímetros de pelo en Barranquilla. Me asusté y pensé: “no falta que estos delincuentes se vengan hasta Bogotá”. Y no dudé, en ningún momento, que fuera verdad pues por esos días había leído que el comercio del pelo natural había aumentando en  Medellín y que pagaban hasta 600 mil pesos. Entonces  concluí que se estaba convirtiendo en una nueva modalidad de robo.

Pero me pregunté varias veces: ¿cuál es mi intranquilidad? Me respondí: a muchas mujeres les han robado el pelo en estos últimos meses y las investigaciones demuestran que hay una peligrosa banda que se dedica a este robo. Me perturbé tanto que  decidí aclarar el asunto. Por eso volví a leer las declaraciones, y después de un análisis me di cuenta que estaba cayendo en una alarma que no tenía fundamentos.

 Lo digo porque supuestamente a una mujer en Medellín le cortaron el pelo sin darse cuenta y que  a otra en Popayán le hicieron lo mismo, pero ninguna quiso identificarse, y aunque tienen derecho a hacerlo, no revelar su nombre como fuente pierde credibilidad, a menos que se registren las denuncias a la Fiscalía. Pero sólo uno de los tres casos que se ha difundido en los medios de comunicación, ha puesto al tanto a las autoridades. Definitivamente me echaron un cuento, porque  donde a mi me robaran el pelo haría un escándalo inimaginable.

 Las autoridades dijeron respecto al caso de Arlen Luna, que en el lugar donde sucedieron los hechos hay un CAI a donde ella no fue a pedir ayuda. ¿Entonces quién asegura que ese pelo era para la venta?, ¿quién dice que no era una venganza o que había otro motivo? Los medios de comunicación se dedicaron  a sacar conclusiones  y a alarmar a la ciudadanía, y como tienen un poder de convencimiento absoluto,  nos vendieron pruebas que nunca fueron  verificadas  y  nos aseguraron datos por inercia. Para su información, la Fiscalía dice que no hay rastro de individuos que se dediquen a éste tipo robo, ni hay pruebas que confirmen que éste  haya sido vendido. ¡Por eso no les volveré a creer nada!, y  por el momento no me dejaré asustar hasta que se confirmen los supuestos. Si algo ocurre, con seguridad seré la primera en ponerme el gorro; mientras tanto, no dejemos que los medios de comunicación  no lo pongan porque sí.

 

Andrea Ortega J

 

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