Donantes de tolerancia

por La hora del escarnio


-¿Puedes creer que en Colombia no puedes donar sangre si eres homosexual?, le pregunté a mi mama, horrorizada, cuando me enteré.

-Claro, Daniella, ¿y si tienen sida?, me respondió.

Frente a mi cara de “no puedo creer que esta persona es mi mamá”, decidió reafirmar su punto diciéndome:

-Me parece lo más lógico del mundo.

-Claro, porque solo a los homosexuales les da sida, ¿no?, le grité con ironía.

Su reacción fue un portazo para prohibir la entrada de mis argumentos de “hippie” que le hacen tambalear sus convicciones de toda la vida, esas que le dicen que homosexual equivale a sidoso (así, con tono bien despectivo). A mi mamá, al parecer, no se le ocurre que si yo, por ejemplo, que soy heterosexual, me dedico a tener relaciones sin protección con quien me pase por al frente, tendré muchas más probabilidades de contraer VIH que un hombre homosexual con una pareja estable o que utilice protección.

La furia que me da la mentalidad retrógrada de mi mamá solo se ve opacada por la alegría de leer en las noticias que la Corte Constitucional ordenó mediante fallo de tutela al Ministerio de Salud y de Protección Social que reevalúe la normatividad vigente desde 1996, en la que está establecido como requisito para ser donante de sangre no haber tenido “relaciones homosexuales masculinas en los últimos 15 años”.

El Manual de normas técnicas y disposiciones de sangre donde aparece este requisito es bien explícito en hacer la relación entre la homosexualidad y el VIH:

CAPITULO 3.

DONANTES DE SANGRE.

3.2 REQUISITOS PARA SER DONANTE

(…)

3.2.2 PARA PROTEGER AL RECEPTOR

(…)

– INFECCION POR VIH/ SIDA:

Para diferirse se debe basar en los siguientes criterios:

– Evidencia clínica o por laboratorio de la infección.

– Relaciones homosexuales masculinas en los últimos 15 años.

– Drogadicción

(…)

¡Bravo!, entonces, por una Corte Constitucional que defiende a los colombianos independientemente de su orientación sexual y que está marcando un precedente en contra de la discriminación y en pro de un país más tolerante, al menos en sus leyes. Y es que es desde las leyes desde donde debemos empezar a hacer el giro generacional entre nuestros padres retrógrados y nosotros, los jóvenes, a quienes (ojalá en nuestra gran mayoría) nos dan igual las preferencias sexuales de las personas y nos importan más bien sus valores y principios.

Si en nuestras leyes, que son las que rigen la sociedad y establecen qué está permitido y qué no, encontramos pruebas tan evidentes de discriminación, no podemos sorprendernos de actitudes como las de mi mamá. En la medida en que desde el Estado se vaya dando un cambio hacia la tolerancia y la no discriminación, podremos llegar a convertirnos en ciudadanos que entiendan esas ideas como parte natural de nuestra convivencia en sociedad.

 

Daniella Mendoza.

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