Dos columnas nuevas – Natalia Méndez Alzate

por La hora del escarnio


TLC: una batalla con Goliat

Mayo 15 del año 2012, luego de ocho años de discusiones, negociaciones, ires y venires, se da inicio al tratado de Libre Comercio entre Los Estados Unidos de América y Colombia.

Con euforia los medios presentaron los primeros cargamentos de flores que fueron exportadas vía aérea desde Bogotá y textiles y otros productos desde los puertos de Barranquilla y Buenaventura, a donde igualmente llegan los primeros barcos con productos químicos y cereales.

Muchos aplauden la puesta en marcha del discutido tratado, otros con escepticismo e incluso temor, no saben que les espera. Lo cierto es que Colombia, no solo tiene firmado TLC con países como EE.UU. entre otros tantos, acaba de firmar con el gigante asiático, China.

¿Qué tan preparado esta el país para cumplir con tantos TLC?

Negar que la infraestructura vial del país es caótica es imposible, a cuenta de los fenómenos de la naturaleza, pero es peor pensar en el atraso vial, la corrupción y las pésimas gestiones de muchos gobiernos consecutivos. Entonces nace la preocupación, ¿cómo movilizar tanta carga en un país sin vías óptimas en donde además las pocas vías que son transitables, suelen ser asaltadas por terroristas que en temporadas se apoderan de éstas quemando tracto mulas y medianos vehículos?

Respecto a los puertos, los más importantes del país: Barranquilla y Buenaventura, tienen algunos problemas de logística, almacenamiento y seguridad y de los aeropuertos ni hablar. El país está en pañales.

Bogotá que es la ciudad que más carga y pasajeros moviliza en Colombia, ni siquiera cuenta con un aeropuerto adecuado.  Pues pese a estar en obras para un nuevo terminal éste (una vez finalizado) operará con las mismas dos pistas que prestan el servicio actualmente. Adicionalmente una de ellas cuenta con restricciones para operar en horario nocturno, por motivos de contaminación sonora, y la otra se ha visto seriamente amenazada por inundación, durante las últimas temporadas de lluvia. Aterrizar en el Aeropuerto El Dorado, en ocasiones se convierte en un suplicio, dada la alta congestión que generalmente presenta la principal terminal aérea del país y una de las más importantes de Sur América.

Es claro que el tratado de libre comercio entre EE.UU. y Colombia ha sido una mal estrategia de nuestro país pues son más los afectados que los beneficiados y que en vista de las grandes falencias y limitaciones con las que contamos podemos anticipar que obviamente se será fácil cumplir a cabalidad con los compromisos que implica un TLC. En pocas palabras nos hemos metido en una batalla con Goliat.

Natalia Méndez Alzate

Transexuales en los reinados

Jenna Talackova, un transexual canadiense de 23 años compitió  por la corona de Miss Canadá en la competencia que se llevo a cabo en Toronto este mes. No consiguió el título de Miss Universo Canadá, pese al revuelo que se armó por su participación en el certamen de belleza, pero llegó a estar entre las 12 semifinalistas y empató con otras tres concursantes en el título de Miss Simpatía.

Así miso Jenna no solo le ganó a las participantes de Miss Vancouver, donde  obtuvo la corona para poder participar del certamen nacional, sino que también le ganó a los organizadores del mismo que lo habían descalificado para participar del reinado por su condición de transexual.

La participación en el certamen  de Talackova, quien ha declarado que sabía que era una mujer desde que tenía cuatro años y que se sometió a una operación de cambio de sexo a los 19, provocó un gran revuelo en Canadá.  Las opiniones abundan y mientras unos consideran inadmisible que un transexual participe en un concurso de belleza para mujeres, otros consideran que se debe cambiar de mentalidad y ampliar los horizontes.

Lo cierto es que la investigación científica demuestra que no hay ninguna relación entre la homosexualidad y la transexualidad o el transgenerismo y mucho menos entre el resto de las orientaciones sexuales. El error está en que la mayor parte de las personas suponen que una persona transexual logra configurarse como tal a partir de su orientación sexual lo cual es falso, absolutamente falso. Muchísimos transexuales, como Jenna, viven con mujeres, es decir, son lesbianas y su objeto erótico y afectivo son otras mujeres.

La configuración de la identidad es ante todo un proceso sicológico. Para explicarme mejor, quisiera darle mayor importancia al proceso sicológico en sí y no a las cirugías o al proceso endocrinológico que se tiene que llevar, porque me parece irrelevante, porque éste no resuelve tu vida, no cambia tu identidad; puedes tomar hormonas durante 15 años y no te va a pasar nada, más que un daño al hígado. Así mismo puedes hacerte cirugías plásticas pero eso no modifica ni tu entorno ni tu condición identitaria; si acaso modifica tu aspecto físico.

Se trata de un proceso que debe ir resolviéndose desde una edad temprana. Ningún niño, al menos ninguno que yo conozca, en pleno uso de sus habilidades cognitivas y emotivas te responde que es un conejo o un chimpancé. Todo ser codifica lo que es en pleno uso de sus habilidades cognitivas y emocionales desde los tres años de edad por lo que si se es un niño trans, evidentemente esta persona configurará de manera distinta su percepción de sí mismo o de sí misma.

Sentirse mujer o sentirse hombre va más allá del género masculino o femenino y depende, por lo tanto, de la percepción que se tenga de sí mismo(a) y de la configuración de identidad con la que se identifique cada persona. En todo caso es sorprendente como todavía un reinado de belleza suscita tanto debate y es aún más interesante ver la limitada noción de belleza y feminidad que estos concursos reproducen. Como dijo Chloe Rutter los certámenes son una representación hiperbólica, casi “drag” de una feminidad y una belleza anacrónicas con las que muchas mujeres y hombres (transexuales o no) están en desacuerdo. En ese sentido me parece que todo aquel que quiera participar en un reinado de belleza debe poder hacerlo, haya nacido con la genitalidad que sea y tenga las medidas que tenga.

Natalia Méndez Alzate

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