Final Santiago Ruiz Forero

por La hora del escarnio


Columna nueva 1

¿Y esas viejas enbola qué?

El pasado viernes un grupo de mujeres caminaron desnudas desde la Torre Colpatria, en Bogotá, hasta el Ministerio de Justicia; los medios no le dieron mayor cubrimiento. Muchos ni sabían qué estaban haciendo, algunos pensaban que eran unas feministas más, otros pensaron que se trataba de una manifestación artística, pero en realidad estaban pidiendo por los derechos de sus familiares que están presos. Estas mujeres hablaban principalmente de tres problemas: hacinamiento, condiciones de salubridad y atención de salud.

El 20 de Enero del 2012 el general Gustavo Adolfo Ricaurte se posesionó como director del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC) del país. Ese día aseguró que afrontaría de manera radical el hacinamiento: “la idea es que terminando el año 2011 hayamos reducido a por lo menos el 16%”. Actualmente la cifra está en 39.5% y va en aumento pues a diario a los centros penitenciarios entran hombres y mujeres, pero los que salen son muy pocos.

Entonces ¿qué es lo que necesitamos? ¿Más cárceles? ¿La mal llamada “limpieza social”? Ninguna de las dos, según el relator Rodrigo Escobar para personas privadas de la libertad de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) se deben reducir los proyectos de ley que lo único que buscan es aumentar la población carcelaria. Es decir, el gobierno en vez de estar prometiendo más cárceles, debería enfocar sus esfuerzos en políticas públicas que combatan los delitos, necesitamos políticas de prevención y oportunidades laborales para que los colombianos no vean en la delincuencia su única  opción.

Otro de los problemas que lleva al hacinamiento es que los jueces del país han olvidado que la privación de la libertad es excepcional según la jurisprudencia establecida por la Corte Constitucional y la Corte Interamericana. Y es que aunque parezca increíble el informe de la CIDH destacó que más de la mitad de los presos en Colombia están en detención preventiva. La cárcel no es para que las personas deban esperar una condena o una absolución ya que esto; además de ser injusto, es arbitrario, absurdo y sobre todo, inconveniente.

Pero éste no es el único problema en las cárceles del país, al hacinamiento se deben agregar graves problemas de salubridad como los encontrados en la cocina de la cárcel de la Picota, en donde se encontraron entre otras cosas, alimentos en descomposición, pésimos olores e instalaciones con condiciones anti higiénicas. A esto súmenle los problemas de plagas de “chinches”, diminutos pero peligrosos animales, que se dan únicamente en condiciones extremas de falta de higiene o más bien de asquerosidad, encontradas en varias cárceles del país.

Y para rematar CAPRECOM, que es la empresa prestadora de salud termina su contrato el 30 de junio del presente año, hasta el momento no se sabe nada de quien asumirá la atención de salud de los presos en Colombia. Por el momento lo único cierto, es que en la cárcel del Buen Pastor de Bogotá, hace dos semanas murió una señora con cirrosis que no fue atendida oportunamente y por lo cual el estado seguramente será demandado y ¿quiénes van a pagar? pues ustedes y yo con nuestros impuestos.

Es hora de que no solo en Colombia sino en toda América Latina se le dé prioridad a los derechos de los seres humanos, es importante acabar con la concepción de que se debe castigar en las peores condiciones, no podemos olvidar que el fin de una cárcel es el de resocializar a los individuos brindándoles herramientas y nuevas oportunidades para que vuelvan a la sociedad, pero actualmente las condiciones de los presos solo les crean resentimientos y ganas de volver a delinquir. Lastimosamente, las imágenes de los sitios de reclusión en los cuales los terroristas encarcelan a los secuestrados, no difieren sustancialmente de la que usted vería en nuestras cárceles. ¿Será que si en nuestro país reducimos la corrupción hasta acabarla, podremos tener un presupuesto para devolverles a nuestros presos al menos su dignidad como ser humano?

Columna nueva 2

Saber Callar

“Se necesitan dos años para aprender hablar y sesenta para aprender a callar”, Ernest Hemingway. Espero no demorarme tanto, toda la vida mi mamá me ha dicho que el problema de nosotros, es decir, mis dos hermanos, ella y yo es que no sabemos callar, siempre queriendo decir la última palabra. Pero no solo nos pasa a nosotros, creo que es el principal problema de los seres humanos, en especial de los políticos y periodistas, en fin la gran mayoría de personas que creen que sus palabras son irrefutables.

Ejemplos de esto los vemos a diario, el diputado por el departamento de Antioquia Roberto Mesa, dio unas polémicas declaraciones: “La plata que uno le meta al Chocó es como perfumar un bollo”.  Por supuesto, estas declaraciones rápidamente le dieron la vuelta a Colombia y al mundo, sin detenerse en ningún momento a pensar qué sacó este comentario racista y fuera de lugar, y luego arrepentirse diciendo: “No quise decir lo que han entendido, me equivoqué con las palabras y pido disculpas”. No habría sido necesario disculparse, si antes de decir lo que pensaba,  hacía un alto en el camino y después hablaba.

Las reinas de belleza son otro gran ejemplo de porque debemos callar y no ir diciendo lo primero que se nos viene a la cabeza. Para no irnos muy lejos, la tan recordada señorita Antioquia, que con su frase: “el hombre se complementa al hombre, mujer con mujer, hombre con hombre y también mujer a hombre del mismo modo en el sentido contrario”, dijo todo pero no dijo nada. En otras palabras, como diría el escritor y periodista estadounidense Mark Twain “es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda”.

Por último, a nuestro querido Ex Presidente Álvaro Uribe, le entrego esta recomendación: no siempre es el ganador de un debate o de una discusión el que dice la última palabra, ni tampoco el que más alza la voz. Tal vez si lo hiciera en la época de la inquisición o de la mano de dictadores como Hitler o Mussolini, pero ya en esta época no, así que bájele al tonito en sus declaraciones y en sus trinos de Twitter, tome unas clases de yoga como sus hijos y reflexione antes de ir diciendo lo primero que se le viene a la cabeza. Porque el hombre que no sabe callar tampoco sabe hablar.

Columna Corregida 1

Una decisión conjunta

En el mundo de hoy exigimos igualdad en todos los aspectos, igualdad de raza, hablamos incansablemente de la igualdad de género, las mujeres exigen día tras día que se les respeten sus derechos y que se les trate como iguales al hombre, pero este discurso tiene que ser incluyente en todo sentido.

Nunca he sido machista, odio ese tipo de comportamiento. Creo firmemente en las capacidades iguales o mejores que tienen las mujeres. ¿Qué sería de los hombres sin ellas? Tal vez nada, pero la igualdad tiene que ser de parte y parte, pues las mujeres tampoco serían mucho sin nosotros. Cuando se tiene un hijo y se afronta el momento de pelear su custodia, generalmente se presume que debe quedar en manos de la mujer; hipótesis con la que no estoy de acuerdo, puesto que un hijo se concibe entre dos: hombre y mujer. A la hora de tener una relación sexual no miramos quien es más importante, es algo que se hace juntos, pero en nuestra sociedad todavía tenemos el imaginario de que las mujeres son las que crían a sus hijos (así el pronombre nuestros, desaparece). Mentira, me tiene mamado ese argumento, la relación de pareja es de pareja y se deben exigir los derechos de ambos, no solo de las mujeres o de los hombres, así que si el hijo se tiene entre dos, entonces cualquiera está capacitado para asumir la crianza.

Hace algunos días discutíamos en una clase sobre algunas cuestiones políticas y morales en donde surgió una pregunta acerca del aborto. Muchas de las mujeres que estaban en esta clase defendieron a ultranza el aborto en todos los casos, decían que son ellas las que toman la decisión de tenerlo o no tenerlo. Su argumento: las mujeres son las que lo llevan durante nueves meses, su cuerpo se afecta, sin duda alguna, sus hormonas se alborotan, su estado de ánimo cambia, entre muchos otros altibajos emocionales que se presentan durante el embarazo, su vida laboral y sus estudios tienen que ser interrumpidos y es entendible, pero sin duda alguna no es suficiente este sólo argumento y por lo tanto no lo comparto plenamente.

Si esto fuera así entonces los hombres tendríamos también la capacidad de decidir si respondemos o no por la criatura que viene en camino, puesto que fácil y muy simple: ellas son las que lo llevan, las que toman la decisión de tenerlo o no tenerlo y entonces ¿por qué tenemos nosotros que responder? El error, si fue un error, lo cometemos ambos. Muchas se indignaron con mi comentario y lo entiendo, pero es que su argumento, lo único que genera como resultado es que los hombres no asumamos nuestras responsabilidades. Esto es una responsabilidad conjunta y compartida, si se decide tener al niño pues ambos son los encargados de responder por el pequeño quien no tiene la culpa de que sus padres no se entendieran. Si es conjunta la responsabilidad también debería ser conjunta la decisión de practicarse o no un aborto.

Me mamé de este argumento ultra feminista, me tiene harto el hecho de que las mujeres nos vean únicamente como el que tiene que responder económicamente. Yo también siento y tengo las mismas capacidades que cualquier mujer para criar a mi hijo, así que si vamos a exigir igualdad, que sea de parte y parte porque si la decisión de tener, o no tener un bebe recae únicamente en la mujer, pues por ese niño yo no respondo: o lo tenemos juntos y asumimos el embarazo entre los dos, o entonces que miren a ver como toman la decisión, lo crían y lo sacan adelante por sus medios. La igualdad es de parte y parte.

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