Lluvia de chamanes- corregida

por La hora del escarnio


No bastó con contratar a un chamán para el Mundial Sub 20. Ahora, para el Festival Iberoamericano de Teatro, se llamaron a 31 chamanes para que lograran parar la lluvia de abril, todos de distintas etnias. Se les pagó y se les hizo un homenaje.

Más allá de discutir si fue oportuna o no la contratación de un chamán; me llama la atención cómo los colombianos validamos este hecho y no le damos la mayor trascendencia, aunque no creamos en esos actos esotéricos. El dinero que patrocina un porcentaje del Festival Iberoamericano de Teatro proviene del Distrito, es decir, de nuestros bolsillos. Y es con eso con lo que se pagan a dichos personajes. El trabajo de los chamanes, una creencia minoritaria, es costeado por todos los ciudadanos.

Lo increíble es que estas contrataciones sigan ocurriendo en un Estado laico, en el que hay una constitución que estipula que a pesar de que cada quien tenga el derecho de desarrollar la libertad religiosa y de culto que prefiera, “no se incluyen dentro del ámbito de aplicación de la presente Ley las actividades relacionadas con el estudio y experimentación de los fenómenos psíquicos o parapsicológicos; el satanismo; las prácticas mágicas o supersticiosas o espiritistas u otras análogas a la religión” (Capítulo 1; artículo 5). A quienes el Estado les asigna un dinero para cubrir los gastos de un evento público o privado, deben saber que no pueden utilizarlo de acuerdo a sus creencias religiosas y no dar argumentos de peso para respaldar su decisión.

Las directivas del Festival Iberoamericano de Teatro estafaron a todos los ciudadanos e hicieron un mal uso de los bienes públicos para satisfacer una creencia privada. Yo hubiera preferido que lloviera todos los días del festival a que hubieran malgastado el dinero de los colombianos de esa manera. Pero lo sorprendente de estas contrataciones no para allí. Si los chamanes no cumplen con lo establecido, igual recibirán su pago, según Jorge Vargas, director artístico del teatro callejero. Es decir, que además de tener que pagar por una creencia religiosa, de unos directivos cuya formación científica es nula, tenemos que aguantar su incumplimiento.

Parece que la corrupción nos lloverá para siempre. Ni los chamanes, en los que tanto cree la directora del Festival Iberoamericano de Teatro, Ana Marta Pizarro, lograrán parar este mal que nos empapa a diario a todos los colombianos.

Por: Laura C. Dulce Romero

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