País incoherente

por La hora del escarnio


Columna nueva

Colombia se ha convertido en un país exótico no por sus aspectos culturales sino por las particularidades de lo que sucede ámbito social y político. Hemos crecido viendo cómo la anormalidad es parte de nuestra cotidianidad y cómo funciona todo de manera inversa.

La semana pasada la Corte Constitucional determinó que las parejas homosexuales pueden manifestar su  afecto en lugares públicos, luego de que en Cali, de manera inentendible, vigilantes del centro comercial Cosmocentro sacaran una pareja de homosexuales por estar besándose en público. Una decisión que nunca debió ser ni siquiera debatida.

Como tampoco se entiende cómo alguien crea una cuenta en Twitter apoyando al Senador Carlos Merlano, quien se hizo conocer más por su video en Youtube que por su labor como congresista y que, descaradamente, radicó una incapacidad a raíz del estrés que le generó el escándalo por negarse a un control de alcoholemia argumentando la importancia de su cargo político –aunque ya no estoy seguro si en realidad fue por la borrachera que llevaba en el video–.

Así mismo, que la noticia de los últimos 5 días sea el robo del reloj Rolex del Ex Ministro Fernando Londoño luego del atentado perpetrado en su contra, causa tanta indignación como el mismo atentado. Además, y luego de las entrevistas que le han hecho, él es resultó ser víctima, miren cómo da vueltas la vida, de un supuesto robo. Una nimiedad al lado del famoso desfalco que hizo con dineros públicos para adquirir acciones de Invercolsa y por el cual fue inhabilitado para ocupar cargos públicos.

Todo funciona al revés: un legislador que va en contra de las leyes que promulga, una persona que, además de preocuparse más por un reloj que por una persona, fue valiente para acusar de robo a un enfermero –que ya interpuso una demanda por un injuria y calumnia–pero no lo fue para decir que usó dineros públicos para intereses personales, y un vigilante que deja besar a dos heterosexuales pero se lo impide a dos homosexuales. Vivimos en un país en donde el sentido común parece no ser tan común y se vuelve una cualidad de la cual muy poca gente de la clase dirigente de este país posee.

Hemos pasado por un Senador al cual no le alcanzaban 16 millones de sueldo mensuales para mantener dos carros y que prefiere pedir que le pague la gasolina antes de robar al Estado;  por una canciller que vive con la duda de qué fue primero, si las putas o los hombres; y por un hospital que gastaba más en comidas y celebraciones que en instrumentos y adecuaciones para mejorar la atención de la gente. La coherencia se ha vuelto una utopía que se aleja cada vez más de la élite política y se vuelve una alergia en los demás sectores del país.

Nota: tanto homosexuales, como héteros, transexuales o lo que sea, antes de besarse en público piénselo dos veces, no sabe lo incomodo que resulta para el resto que sin intención voltea a verlos.

Néstor Peña

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