La hora del escarnio

Trabajos de la clase de Periodismo de Opinión de la P.U.J.

SnowFlame: la cocaína y el prejuicio


Una ilustradora estadounidense decidió revivir a un personaje que desapareció de DC Comics hace 25 años.  Se llama SnowFlame y sus poderes vienen de la cocaína, a la que adora como si fuera una deidad y para la que dice trabajar, por eso se dedica a la distribución de drogas. “La cocaína es mi dios y yo soy el instrumento humano de su voluntad”, proclama SnowFlame, orgulloso. El alter ego de SnowFlame es Fabián Orosco, un capo colombiano que podría ser oriundo “de uno de los departamentos del sur de Colombia”.

Varios periódicos de Estados Unidos han tildado al comic de xenofóbico y de hacer apología de las drogas, comentarios que no dejan de estar muy relacionados con las elecciones de noviembre. La importancia del voto latino en Estados Unidos ha aumentado enormemente, pues ya existen segundas generaciones de latinos que son ciudadanos norteamericanos votantes y que buscan presidentes que defiendan sus derechos como minoría (esos votos, por lo general, se van hacia el candidato demócrata, casi siempre más tolerante que el republicano).

Pero la cuestión, en realidad, es que el comic de SnowFlame no es ofensivo, si bien está lleno de un humor que puede ser delicado. Sí, el personaje es un narco colombiano, un cliché que ha estigmatizado a los ciudadanos de Colombia por décadas y que es además una gran desventaja para los latinos que viven en Estados Unidos, pues tienen que enfrentarse con los prejuicios asociados a su nacionalidad. Pero que el personaje meta cocaína y sea colombiano no es un llamado a la generalización de un estereotipo, es simplemente el uso, en una historieta, de un cliché que ya existe. Además, en la propia Colombia se han producido telenovelas (se recién estrena una sobre Pablo Escobar), películas y libros que cuentan las historias de sus capos y de la gente que los padeció.

Es cierto que yo no nací en Colombia pero mi familia es colombiana y ese estigma ha estado también muy cerca de mí y de los míos, así que me siento en capacidad de entenderlo. Todos padecemos el mal de ser etiquetados pero no tenemos que armar un drama alrededor del uso de un cliché, porque la verdad es que todos los usamos como referencia, hacen parte de nuestro imaginario colectivo y, como los prejuicios, son muy difíciles de dejar de lado.

SnowFlame es un villano, no un héroe. Está claro durante todo el comic (los 16 capítulos que se han publicado) que el malo de la película es el que se mete cocaína para poderse sentir poderoso. Además, en una de las entregas, la autora pone a Raven (una heroína) a decir expresamente: “Tu fuego solo puede asemejarse al quemar caótico de los pensamientos de un adicto (…) la cocaína es la fuente de ambos tu poder y tus límites”.

“Entiendo que el comic usa el estereotipo del capo colombiano, pero mi intención no es ofender a los latinos. Espero que SnowFlame pueda trascender el estereotipo y se convierta en un personaje totalmente desarrollado y creíble”, ha dicho la artista que revivió a este villano, quien se ha tenido que disculpar en varios medios y explicar que no tiene malas intenciones.

Señores norteamericanos, tengan sentido del humor y dejen el drama anti xenofóbico, porque esa atención exagerada sobre el tema solo demuestra la hipocresía de sus comentarios y que su único interés es jalar al electorado latino en dirección Obama.

 

Daniella Mendoza.

 

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FINAL


1. Columna Corregia sobre la dieta

http://soundcloud.com/alejandraps/columna-de-opini-n-corregida

 

2.Columna nueva

¡Si!.. veintiún años ¿y qué?

Hace unos días tuve un paseo de esos en los que uno se pregunta ¿yo qué hago acá? Una amiga me invitó a un paseo en una finca  en Villeta con sus amigos, los cuales casi todos tienen entre veintisiete y veintinueve años. Para mí no era algo extraordinario- teniendo en cuenta que tengo veintiún años recién cumplidos- pues tengo un hermano de veintinueve años y una hermana de veintiocho, lo cual me ha llevado a involucrarme muy bien con estos “jóvenes ‘yupis´” que hablan en spanglish y les encanta comentar de su estrés laboral, su nuevo reloj que lo están pagando a 36 cuotas y las ventajas de vivir solos.

Me sentía en mi zona de confort. No tenía problema involucrándome con los temas, no me aburrí oyendo sobre cómo el jefe explotaba a cada uno de los que estaban en el paseo y sobre todas la cosas me reía sin control del hijo de un actual ministro -que prefiero no decir nombres- que se pasó 3 días seguidos hablando de cómo era posible que no pudiera levantarse a una niña siendo que él era todo un ‘partidazo’: Un tipo de veintinueve años, físicamente atractivo, hijo de ministro, con camioneta y apartamento en rosales para él solo. (Así decía)

Todo iba bien. La primera noche nos tomamos unos aguardientes mientras entrabamos todos en confianza. Eran aguardiente para romper el hielo. Todos cantábamos canciones de Carlos Vives  y salsa de Jerry Rivera a grito herido. Parecía como si nos conociéramos todos de toda la vida sobre todo por las canciones corta-venas que terminan siempre uniendo a las personas. Pero en un momento, para mí, la tranquilidad y la conformidad en la que estaba, rodeada de estos personajes tan maduros y responsables por trabajar en multinacionales y por ser hijos de ministros se acabó. Una simple pregunta cambió toda la percepción que tenían de mí, y todo el respeto que se había formado entre ellos y yo: ¿Tú cuántos años tienes? Mi respuesta no tuvo lugar a dudas y respondí con toda confianza: -Yo, yo tengo veintiún años-

La cara de todos se transformó. Las miradas estaban dirigidas a mí, los comentarios salían a relucir y el desprecio se empezó a sentir en el ambiente. Ellos me miraban como si fuéramos de mundos  distintos. Como si ellos fueran de Marte y yo de Plutón. Como si hubiera insultado a sus mamás o fuera una ladrona tratando de invadir su espacio. Yo era una intrusa, una “culicagada” como decidieron apodarme y una bebé que tenían que cuidar como muñeca de porcelana impedida y hueca. Una ‘pobre’ niña de veintiún años, estudiante e incapacitad para opinar porque mi mundo universitario no es nada comparado con sus grandes conflictos sobre cómo lidiar con jefes y cómo ahorrar el agua de los aparta-estudios para que los servicios no sean tan caros.

Claro, no niego que efectivamente hay una gran diferencia de edades. Que el trabajo es distinto a la universidad y que los conflictos son distintos. Yo me preocupo por pasar las materias y buscar la forma de no matar a puños a un profesor que todos los días me saca la piedra. Ellos posiblemente tratan todos los días de no matarse a puños a ellos mismos por cometer errores que pueden ser garrafales en sus empresas. Si, no lo niego, yo sé que hay una diferencia grande edad y de cómo se ve la vida. 

Lo que no permito y es precisamente por lo que escribo esta columna de opinión, es el hecho de tener que tratarnos a las universitarias y a las que somos menores como si fuésemos taradas. Fue así como me vieron. Como una  niña hueca a la cual no se le podía preguntar ningún tema diferente a la universidad y a cómo fue mi experiencia en el colegio. Me veían como si fuera la primera vez que me iba de paseo un puente y para completar o como la niña que no podía fumarse un cigarrillo, (porque qué horror, tan chiquita y fumando). Me sentí compartiendo con personas prepotentes que no podían aceptar a alguien menor pues me veían como un bicho raro.

Mi punto es que no sé si a alguna otra persona de mi edad le ha pasado esto, pero quiero dejar un mensaje claro: La edad no hace a las personas. Las personas se hacen por su forma de ver la vida y por cómo actúan frente a la misma. No creo que la  edad se relacione con madurez ni la madurez tenga que ver con el hecho de tener casa propia y carro comprado a cuotas. Si es así, entonces el hijo del ministro -el que tantas risas me sacó- sería la persona más madura y la más sensata que haya podido conocer. Creo que mi lección de vida frente a esto es que entiendan que no creo en que las que somos más pequeñas de edad debamos ser tratadas como las niñas indefensas y bobas que no pueden relacionarse con personajes mayores. Tengo veintiún años ¿y qué? No creo ser menos que ellos y por lo menos a mi modo de ver, puedo decir que hasta me considero mejor que al menos uno de los que estaban en ese paseo.

 

3.Columna Nueva

La culpa es nuestra

Este país está acabado. Cada día que pasa reitero mi pensamiento de que este país va de mal en peor. Más allá del abuso de la autoridad o de los miles y miles de fraudes que todos los días acaban con la dignidad de un país que en teoría trata de luchar contra esto por medio nuestra democracia, creo que el mayor de los problemas somos todos nosotros. Los mismos ciudadanos, los mismos que elegimos y brindamos el poder. Los mismos que cada cierto tiempo le damos nuestros votos a personas en las que ciegamente confiamos y que –como diríamos los colombianos- terminan sacando las garras con actos increíbles pero ciertos.

El  caso del Senador Eduardo Merlano, quien al negarse a realizarse una prueba de alcoholemia requerida por las autoridades el pasado 13 de mayo y quien al parecer utilizó el tráfico de influencias para poder librarse de este trámite exigido a toda la ciudadanía sin excepción alguna es la muestra de que los colombianos somos el problema. Nos falta exigir respeto y nos falta reclamar realmente el hecho de que tanto los derechos como los deberes son aplicables para todo el mundo, sin exceptuar a nadie por más que sea senador, congresista o un civil más.

El caso de Merlano tiene varios tintes y entre uno de ellos,  es más, el más resaltable es la poca memoria que tenemos en Colombia. Por esto mismo reitero, que el mayor problema somos nosotros mismos quienes damos un voto sin acordarnos del pasado o entender realmente el por qué votamos. Este senador es hijo del Ex senador Jairo Merlano, quien se encuentra pagando siete años de cárcel por “parapolítica” y por haber comprado votos para llegar a la política por parte de Paramilitares de la costa Caribe de Colombia. Muchos dicen que luego de haber sido recluido este ex senador, su hijo Eduardo Merlano pudo haber obtenido su curul en el Senado gracias a muchas influencias de su padre y el fuerte movimiento de fichas de su padre que lo llevaron al Senado.

Creo que muchas de las teorías que se mueven alrededor de la familia Merlano deben ser comprobadas. No obstante, pasa lo mismo con muchos de los políticos que están ahorita o han estado en el poder en Colombia. Nexos, relaciones, herencias, actos, etc. que han tenido que ver con posiciones subversivas o con situaciones que no son legitimas para poder gobernar. Los supuestos nexos del ex presidente Uribe, el pasado oscuro del Alcalde Petro en el M19 y el mismo caso de Merlano, hijo de un personaje ‘manchado’ de parapolítica que le heredó a su hijo al menos esa actitud prepotente como si el hecho de ser senador le diera grandes ventajas en un país, que en teoría lucha por la equidad y la estabilidad.

El problema, quiero que se entiende creo que tiene que ver con este país sin memoria  o desinteresado en conocer cuál es el pasado de las personas a las que se le da el voto para representarnos en el gobierno. Muchas veces se vota sin saber y eso tendrá que ver por la ignorancia de no entender cuáles son las ventajas o desventajas y sobre cuáles son los hechos pasados que pueden llegar a repercutir en un presente que pueda generar algún escándalo.

Creo que es necesario sentarse a pensar antes de elegir. Sentarse a analizar y no votar por votar. Se le está dando el poder a las personas que menos la merecen. Tal y como lo  dijo el presidente del partido de ala U, Juan Lozano, los hechos como el de Merlano son reprochables. Son hechos que no tienen razón de ser. Comparto la idea con este político y siento que este tipo de situaciones tienen también nuestra responsabilidad. No sabemos a qué tipo de personas elegimos y esto nos puede llevar a sorprendernos como pasó con el Senador Merlano que lo mínimo que puede hacer sea reconocer su error y renunciar. Eso sí sería digno de un representante del país.

 

4. Columna Corregida

Que se consiga a otra… o a otro!

Hace unos días tuve que pasar por una situación, que para ser sincera, nunca pensé que fuera a vivir y mucho menos a aceptar. He oído hablar de eso y conozco el tema. Además, varias amigas me comentaban sus experiencias; hablaban de lo impotentes que podían llegar a sentirse y de cómo tenían que hacer para superar esto con el diálogo y una buena disposición frente al tema. No obstante, otras, simplemente ignoraban los hechos y suponían que nada estaba pasando. Pero me llegó el momento de vivir a mí esta situación que sencillamente me dejó un mal sabor y una gran humillación: fui víctima de lo que se denomina micro-machismo.

Mi historia es la siguiente: desde hace un tiempo, tengo -o tenía- un romance, por decirlo de alguna manera, con un tipo que pensé que era perfecto. Pero claro, no todo en la vida es perfecto, y mucho menos los hombres que parecen serlo, porque terminan sacando las garras. Estábamos con tres  amigos de él tomándonos unos tragos y hablando temas irrelevantes para el caso, pero en un momento, la conversación se volvió un poco tensa para mí. Empezaron a hablar de cómo se debía tratar a las mujeres y de cómo tocaba manejarlas para que no se fueran a rebelar. Debo aclarar que no hablaron de maltrato físico, pero por el tono en el que manejaron el tema, si podría decir que la solución para ellos, era el maltrato verbal.

Al comienzo, el tipo con el que yo estaba sólo se reía de las estupideces que los amigos decían. Ellos hablaban de no permitirles a sus novias hablar con otros hombres, no podían mirar a nadie que no fueran ellos -cosa que ellos sí podrían hacer si se presentara la oportunidad inversa-, que no debían salir a la calle sin ellos y menos con amigos y para completar se sentían ofendidos si ellas en algún momento trataban de opinar sobre  temas “importantes” según su criterio.

Cuando empezaron a hablar de esto, me sentí tan ofendida que decidí involucrarme a la conversación, pero cuando fui a dar mi opinión, el personaje con el que yo estaba se volteó, me miró y dijo con un tonito muy sutil: -“Linda, este es un tema de hombres, tu no entiendes de esto y ten en cuenta que esto que están diciendo, también aplica para ti”-.

Mi cara se transformó y me paré de la mesa indignada. Él se levantó y se fue detrás de mí. Yo sólo lo miraba con cara de odio y el trataba de calmarme diciéndome que yo tenía que entender que las cosas con él eran así: que yo debía aceptar que el saliera sólo y pudiera bailar, coquetear, mirar, etc. a otras mujeres pero que yo debía quedarme en mi casa juiciosa porque no había posibilidad de que yo pudiera salir con mis amigas, que no le gustaba que me metiera en los temas de los hombres, que yo tenía que hacer lo que él dijera si no quería tener “problemas” y para completar, decidió rebajarme tanto y humillarme tanto que hasta me dijo que de ahora en adelante yo no debía preocuparme por gasta plata para salir con él y que ni se me pasara por la cabeza gastarle algo a él, porque no le gustaba que las mujeres pagaran ni pusieran plata. Lo grave de la historia es que yo como una idiota acepté las condiciones.

Sí, así de sencillo, le dije que aceptaba las condiciones, como una estúpida. Lo bueno, es que hasta hace muy poco recapacité de todo lo que me dijo y según lo que entendí me tocaba ser una relegada a él. Pero no. Si  en teoría quiere que no me rebele, pues lo siento mucho. No voy aceptar lo que muchas colombianas tienen que aceptar que no sólo es el maltrato psicológico o verbal, sino el maltrato físico de los hombres machistas que creen que nosotras no podemos desenvolvernos solas en un mundo equitativo para los dos géneros.

 Según un estudio del DANE,  un 41% de los hombres en Colombia- incluyendo a este porcentaje al tipo con el que estaba- ve a las mujeres relegadas a ellos, y deben cumplir el papel de quedarse en la casa cocinando, planchando, limpiando y demás, porque en teoría ese es su papel en la sociedad.  Una posición machista que lo único que hace es demostrar que en Colombia, el maltrato a la mujer no sólo es físico. Por lo cual, me niego a aceptar que este tipo de cosas pasen y que el micro machismo que se constituye de hechos pequeños que degradan la posición del sexo femenino ante lo hombres, sea una constante en la sociedad y que nosotras muchas veces aceptemos este maltrato.

Es por esta razón, que quiero rebelarme. No lo hice en el momento adecuado pero quiero hacerlo. No voy a permitir que me traten como si fuera una tarada, como si no pudiera pensar o actuar según mis decisiones, no voy a permitir que un tipo llegue a decirme que mi plata no vale y que no va a aceptar que yo use mi propia plata, y para completar que yo tenga que aceptar que él haga y deshaga cuantas veces quiera mientras yo me quedo en mi casa. Pues no, y si lo que quiere es alguien que le haga caso frente a sus requerimientos para no tener “problemas”, pues que se levante a otra, o mejor aún a alguno de sus amigos que de pronto si le aceptan y apoyan sus locuras porque yo no voy a jugar ese jueguito. Qué se levante a otro.

Sólo quiero hacer un llamado a que como mujeres no nos dejemos humillar.  La psicóloga Paola Silva F, experta en el tema de la posición relegada de  la mujer afirma que el machismo y este tipo de maltrato, afirma que los hombres que actúan de esta forma tienen un perfil determinado de inmadurez, dependencia afectiva, inseguridad, emocionalmente inestables, impacientes e impulsivos.

 

Muchas veces nos encontramos con este tipo de hombres que simplemente nos tratan de mostrar que son más fuertes que nosotras y que el poder de levantar la voz los hace hombres de carácter a quienes no se les debe refutar nada. Pero quiero que quede claro, que los inestables son ellos y los débiles realmente no somos nosotras. No podemos aceptar el machismo, ni mucho menos esos micro-machismos que nos parecen muy comunes y no nos damos cuenta realmente de lo que está pasando. Levantar la voz o poner condiciones en las cuales nosotras somos vistas como un objeto no es sinónimo de fortaleza, más bien tener el carácter para rechazar estas actitudes es lo que se necesita para acabar con el machismo.

 

APS

Columna Nueva


El embajador de Colombia

Néstor Peña

Donantes de tolerancia


-¿Puedes creer que en Colombia no puedes donar sangre si eres homosexual?, le pregunté a mi mama, horrorizada, cuando me enteré.

-Claro, Daniella, ¿y si tienen sida?, me respondió.

Frente a mi cara de “no puedo creer que esta persona es mi mamá”, decidió reafirmar su punto diciéndome:

-Me parece lo más lógico del mundo.

-Claro, porque solo a los homosexuales les da sida, ¿no?, le grité con ironía.

Su reacción fue un portazo para prohibir la entrada de mis argumentos de “hippie” que le hacen tambalear sus convicciones de toda la vida, esas que le dicen que homosexual equivale a sidoso (así, con tono bien despectivo). A mi mamá, al parecer, no se le ocurre que si yo, por ejemplo, que soy heterosexual, me dedico a tener relaciones sin protección con quien me pase por al frente, tendré muchas más probabilidades de contraer VIH que un hombre homosexual con una pareja estable o que utilice protección.

La furia que me da la mentalidad retrógrada de mi mamá solo se ve opacada por la alegría de leer en las noticias que la Corte Constitucional ordenó mediante fallo de tutela al Ministerio de Salud y de Protección Social que reevalúe la normatividad vigente desde 1996, en la que está establecido como requisito para ser donante de sangre no haber tenido “relaciones homosexuales masculinas en los últimos 15 años”.

El Manual de normas técnicas y disposiciones de sangre donde aparece este requisito es bien explícito en hacer la relación entre la homosexualidad y el VIH:

CAPITULO 3.

DONANTES DE SANGRE.

3.2 REQUISITOS PARA SER DONANTE

(…)

3.2.2 PARA PROTEGER AL RECEPTOR

(…)

– INFECCION POR VIH/ SIDA:

Para diferirse se debe basar en los siguientes criterios:

– Evidencia clínica o por laboratorio de la infección.

– Relaciones homosexuales masculinas en los últimos 15 años.

– Drogadicción

(…)

¡Bravo!, entonces, por una Corte Constitucional que defiende a los colombianos independientemente de su orientación sexual y que está marcando un precedente en contra de la discriminación y en pro de un país más tolerante, al menos en sus leyes. Y es que es desde las leyes desde donde debemos empezar a hacer el giro generacional entre nuestros padres retrógrados y nosotros, los jóvenes, a quienes (ojalá en nuestra gran mayoría) nos dan igual las preferencias sexuales de las personas y nos importan más bien sus valores y principios.

Si en nuestras leyes, que son las que rigen la sociedad y establecen qué está permitido y qué no, encontramos pruebas tan evidentes de discriminación, no podemos sorprendernos de actitudes como las de mi mamá. En la medida en que desde el Estado se vaya dando un cambio hacia la tolerancia y la no discriminación, podremos llegar a convertirnos en ciudadanos que entiendan esas ideas como parte natural de nuestra convivencia en sociedad.

 

Daniella Mendoza.

Importación/Exportación


Nunca me dejaron ver telenovelas. Las “señoras bien” de Caracas asocian las novelas con las empleadas -las flojas, que se sientan frente al televisor y “no mueven ni un dedo” por culpa de esos culebrones -interesantísimos, por lo demás- pero “de muy mal gusto”.

Es por eso que la única novela que recuerdo haber visto es Marimar (que ni siquiera es venezolana), porque la transmitían en un horario que coincidía con las salidas de mi mamá a buscar a mis hermanos al colegio. Por mi ignorancia farandulera, desde que llegué a Colombia he padecido numerosos episodios incómodos en los que algún simpaticón de la hermana república me hace chistesitos sobre Venezuela y sus novelas:

– Aaaah, ¿tú eres venezolana?, ¿y ustedes sí dicen eso de “maldita lisiada”?.

– Oye, chama, ¿de verdad en Caracas las casas están todas pintadas de curuba?

– Aaaah, venezolana, entonces tú eres de El país de las mujeres

No los entiendo. Nunca vi esas novelas, ni sus casas pintadas de curuba (tuve que preguntar qué demonios era curuba), ni sus malditas lisiadas. Pero no hay que ser antipático, entonces sonrío disimulando la incomodidad y hago una nota mental de meterme a youtube y revisar algunas de estas importantísimas referencias culturales.

Lo que he descubierto es que, junto con el petróleo, lo único que Venezuela parece haber exportado con éxito son las telenovelas. Y ya ni eso. Los últimos doce años de la historia venezolana demuestran una caída en picada de la producción nacional de arroz (disminución de 17,5% entre 2000 y 2010), de azúcar (se contrajo en 3 millones de toneladas métricas en los últimos 4 años), de políticos (desde 1999 no hemos sido capaces de producir un solo líder digno) y hasta de material televisivo (con el cierre de RCTV en 2007 la cantidad de programas de televisión se redujo al menos a la mitad). Lo que sí parecemos estar exportando más que nunca es a los propios venezolanos: según un artículo de Semana, en 2011 el DAS entregó un promedio de 46 cédulas de extranjería a venezolanos para vivir en Colombia.

Por su parte, los productos colombianos son cada vez más frecuentes de nuestro lado de la frontera, al punto de que ahora somos los venezolanos los que preguntamos, emocionados, a cada colombiano que se nos cruza, por El cartel de los sapos, El capo y Sin tetas no hay paraíso. Sobra decir que esas telenovelas sí las vi, toditas, comiendo crispetas junto con mi mamá y –se los juro- mi abuela.

Los disparos y las sirenas de ambulancias que parecen escucharse a toda hora por las calles de Caracas producen un miedo quizá comparable al que se vivía en Bogotá en la época en que las bombas eran casi algo común. La facilidad con que se aprieta un gatillo en Caracas es comparable a la tranquilidad con que los personajes de El cartel van disparando sus balas de mentira. Los países hermanos hemos hecho un canje maravilloso: nosotros les mandamos venezolanos autoexiliados y ustedes nos mandan sus fascinantes historias de traquetos. Quizá nos guste tanto verlas porque nos sentimos identificados con esas historias que son ya el pasado de Colombia pero que se han convertido en el presente de Venezuela.

 

 

Daniella Mendoza.

Dos columnas nuevas – Natalia Méndez Alzate


TLC: una batalla con Goliat

Mayo 15 del año 2012, luego de ocho años de discusiones, negociaciones, ires y venires, se da inicio al tratado de Libre Comercio entre Los Estados Unidos de América y Colombia.

Con euforia los medios presentaron los primeros cargamentos de flores que fueron exportadas vía aérea desde Bogotá y textiles y otros productos desde los puertos de Barranquilla y Buenaventura, a donde igualmente llegan los primeros barcos con productos químicos y cereales.

Muchos aplauden la puesta en marcha del discutido tratado, otros con escepticismo e incluso temor, no saben que les espera. Lo cierto es que Colombia, no solo tiene firmado TLC con países como EE.UU. entre otros tantos, acaba de firmar con el gigante asiático, China.

¿Qué tan preparado esta el país para cumplir con tantos TLC?

Negar que la infraestructura vial del país es caótica es imposible, a cuenta de los fenómenos de la naturaleza, pero es peor pensar en el atraso vial, la corrupción y las pésimas gestiones de muchos gobiernos consecutivos. Entonces nace la preocupación, ¿cómo movilizar tanta carga en un país sin vías óptimas en donde además las pocas vías que son transitables, suelen ser asaltadas por terroristas que en temporadas se apoderan de éstas quemando tracto mulas y medianos vehículos?

Respecto a los puertos, los más importantes del país: Barranquilla y Buenaventura, tienen algunos problemas de logística, almacenamiento y seguridad y de los aeropuertos ni hablar. El país está en pañales.

Bogotá que es la ciudad que más carga y pasajeros moviliza en Colombia, ni siquiera cuenta con un aeropuerto adecuado.  Pues pese a estar en obras para un nuevo terminal éste (una vez finalizado) operará con las mismas dos pistas que prestan el servicio actualmente. Adicionalmente una de ellas cuenta con restricciones para operar en horario nocturno, por motivos de contaminación sonora, y la otra se ha visto seriamente amenazada por inundación, durante las últimas temporadas de lluvia. Aterrizar en el Aeropuerto El Dorado, en ocasiones se convierte en un suplicio, dada la alta congestión que generalmente presenta la principal terminal aérea del país y una de las más importantes de Sur América.

Es claro que el tratado de libre comercio entre EE.UU. y Colombia ha sido una mal estrategia de nuestro país pues son más los afectados que los beneficiados y que en vista de las grandes falencias y limitaciones con las que contamos podemos anticipar que obviamente se será fácil cumplir a cabalidad con los compromisos que implica un TLC. En pocas palabras nos hemos metido en una batalla con Goliat.

Natalia Méndez Alzate

Transexuales en los reinados

Jenna Talackova, un transexual canadiense de 23 años compitió  por la corona de Miss Canadá en la competencia que se llevo a cabo en Toronto este mes. No consiguió el título de Miss Universo Canadá, pese al revuelo que se armó por su participación en el certamen de belleza, pero llegó a estar entre las 12 semifinalistas y empató con otras tres concursantes en el título de Miss Simpatía.

Así miso Jenna no solo le ganó a las participantes de Miss Vancouver, donde  obtuvo la corona para poder participar del certamen nacional, sino que también le ganó a los organizadores del mismo que lo habían descalificado para participar del reinado por su condición de transexual.

La participación en el certamen  de Talackova, quien ha declarado que sabía que era una mujer desde que tenía cuatro años y que se sometió a una operación de cambio de sexo a los 19, provocó un gran revuelo en Canadá.  Las opiniones abundan y mientras unos consideran inadmisible que un transexual participe en un concurso de belleza para mujeres, otros consideran que se debe cambiar de mentalidad y ampliar los horizontes.

Lo cierto es que la investigación científica demuestra que no hay ninguna relación entre la homosexualidad y la transexualidad o el transgenerismo y mucho menos entre el resto de las orientaciones sexuales. El error está en que la mayor parte de las personas suponen que una persona transexual logra configurarse como tal a partir de su orientación sexual lo cual es falso, absolutamente falso. Muchísimos transexuales, como Jenna, viven con mujeres, es decir, son lesbianas y su objeto erótico y afectivo son otras mujeres.

La configuración de la identidad es ante todo un proceso sicológico. Para explicarme mejor, quisiera darle mayor importancia al proceso sicológico en sí y no a las cirugías o al proceso endocrinológico que se tiene que llevar, porque me parece irrelevante, porque éste no resuelve tu vida, no cambia tu identidad; puedes tomar hormonas durante 15 años y no te va a pasar nada, más que un daño al hígado. Así mismo puedes hacerte cirugías plásticas pero eso no modifica ni tu entorno ni tu condición identitaria; si acaso modifica tu aspecto físico.

Se trata de un proceso que debe ir resolviéndose desde una edad temprana. Ningún niño, al menos ninguno que yo conozca, en pleno uso de sus habilidades cognitivas y emotivas te responde que es un conejo o un chimpancé. Todo ser codifica lo que es en pleno uso de sus habilidades cognitivas y emocionales desde los tres años de edad por lo que si se es un niño trans, evidentemente esta persona configurará de manera distinta su percepción de sí mismo o de sí misma.

Sentirse mujer o sentirse hombre va más allá del género masculino o femenino y depende, por lo tanto, de la percepción que se tenga de sí mismo(a) y de la configuración de identidad con la que se identifique cada persona. En todo caso es sorprendente como todavía un reinado de belleza suscita tanto debate y es aún más interesante ver la limitada noción de belleza y feminidad que estos concursos reproducen. Como dijo Chloe Rutter los certámenes son una representación hiperbólica, casi “drag” de una feminidad y una belleza anacrónicas con las que muchas mujeres y hombres (transexuales o no) están en desacuerdo. En ese sentido me parece que todo aquel que quiera participar en un reinado de belleza debe poder hacerlo, haya nacido con la genitalidad que sea y tenga las medidas que tenga.

Natalia Méndez Alzate

Dos columnas corregidas – Natalia Méndez Alzate


Y ¿En dónde quedo la plata?

El desgarrafal desfalco que cometió Luz Marina Vélez Londoño en la ciudad de Pereira, hace cuatro años, aún deja ver las secuelas de dicha estafa. El episodio se resume en el engaño a familias de todos los estratos que fueron víctimas de robos millonarios, quienes creyendo que la inversión era la mejor manera de asegurar el futuro tuvieron que detener sus planes y proyectos para situarse en un presente inmediato que cambiaba todo el rumbo de sus vidas.

Su inversión empezó a funcionar desde el 2004 como un agente intermediario entre corredores de bolsa y clientes interesados en ganar rentabilidad. Se constituyó mediante escritura pública en la Notaría Quinta, el 24 de diciembre de 2003 y en la Cámara de Comercio fue registrada el 13 de enero de 2004. Fue singular porque sus clientes eran, en su mayoría, de la alta sociedad local; muchos de ellos socios de los exclusivos clubes Rialto y Club Campestre de Pereira.

Actualmente, son muchos los damnificados que llevan los mismos cuatro años intentando hallar a alguien que responda por su dinero. A diferencia de lo que se reconoce como una pirámide Su inversión, que era la empresa manejada por Luz Marina, estaba avalada por Global Securities; un grupo financiero privado encargado de posicionar, vender, y manejar todos los asuntos referentes a la compra y venta de acciones.

Cuando todo se veía perdido y con ganas de ser enterrado, se vio un poco de justicia. Se informó que César Ángel, el esposo de Luz Marina Vélez, y miembro de la junta directiva de Su inversión, había sido capturado en Ipiales, Nariño, intentando cobrar su pensión. Los rumores no dejan de aparecer en la realidad de los pereiranos. Se espera que su esposa o sus dos hijas, quienes fueron parte de la macabra maniobra, aparezcan y den seguridad a su padre, y esposo quitándole también un poco de culpa al mismo.

Sin embargo, se sabe que César Ángel, ha inducido a su familia a que no se entreguen ya que su corazón tan solo funciona un 50%, y las expectativas de los médicos, y de quienes lo han atendido, no han sido muy alentadoras.

A raíz de este suceso, nos preguntamos ¿dónde está la justicia?, ¿qué va a pasar con todas las familias que han invertido la mayoría o todos sus ahorros en una causa perdida? Y ¿dónde están aquellos que velan por los intereses y seguridad, de una ciudadanía que ante esto se siente perdida y sin esperanza?

Del mismo modo, nos lleva a cuestionarnos sobre qué tanto pueden aportar los paraísos fiscales a ciudades y países que cuentan con gente corrupta que a cuesta de sus beneficios e intereses propios pasan por encima de aquellos que conviven y que conocen desde hace mucho tiempo.

Nos damos cuenta, que nos enfrentamos a un país lleno de esperanza, pero que aquellas se acuestan en un lodo que en cualquier momento puede hundirse. Aunque Pereira, es una ciudad media de la cual no se tiene un amplio cubrimiento de los sucesos, evidencia la corrupción y egoísmo que vive el país ante cuestiones tan delicadas como el dinero de nuestros coterráneos.

Natalia Méndez Alzate

La prostitución existe donde hay hombres y mujeres

La ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, María Ángela Holguín, afirmó el martes pasado que “donde hay un hombre hay prostitución”. Ella sostiene hasta el momento que esta afirmación no tiene nada de malo y que por lo tanto “no se le fue la lengua”.

Según Holguín, lo que estaba buscando con esta frase era alejar a Cartagena del centro de atención de los medios estadounidenses y recalcar que no fue la ‘heroica’ la culpable de la situación que vive por estos días el Servicio Secreto de Estados Unidos, luego de que varios de sus agentes hubiesen solicitado servicios de damas de compañía durante su estadía en la pasada Cumbre de las Américas.

Hablar sin razonar es muy peligroso y más en altos cargos.  Es claro que se necesitan dos para bailar un tango así como para ejercer la prostitución se necesitan dos sujetos.  La aseveración de María Ángela Holguín es desafortunada, además de simplista y poco inteligente pues para que haya prostitución heterosexual es necesario que actúen tanto un hombre como una mujer. Su expresión es temeraria y salida de todo contexto, porque sí se diera así el fenómeno comentado, ella misma estaría involucrada en él por el solo hecho de trabajar con hombres, lo que es a todas luces absurdo. Sí fuese así y quisiera Holguín  protegerse de tan degradante situación, tendría que enclaustrarse entonces en un convento no visitado por hombres (ni siquiera por curas).

Ante todo creo que es primordial cuestionarse si la prostitución es  un asunto de género  y si el verdadero problema y causante de ella son los hombres. Me parece que las ‘célebres’ palabras de la ministra lo que tratan de hacer es de desviar la atención del argumento fundamental, pues la problemática de la prostitución (que a propósito es considerada una profesión legal en Colombia y que quien la ejerce es un trabajador o una trabajadora) se debe principalmente  al estado de pobreza e indigencia que vive la mayoría de la población del Caribe y los habitantes colombianos.  Los culpables no son los cartageneros, los responsables de esta situación inadmisible e injusta son el gobierno nacional y los gobernantes locales. Y es que tomando este asunto desde la visión idealista y analizando las cosas desde la mirada odiosa e irrespetuosa del silogismo, propia de  la señora Holguín,  se puede decir que vivimos en un país que se caracteriza porque en donde hay políticos hay corrupción .

La ministra debería preocuparse por buscar soluciones a la  problemática de la prostitución en el país y al entorno de miseria que vive actualmente el ‘Corralito de Piedra’ y El Caribe colombiano, de la misma manera que debería pedir disculpas públicamente por sus indignantes palabras. Palabras que no solo generaron agravio y enfundaron segregación sino que también satanizaron la existencia masculina entre la que se encuentra su propio hijo. Un hombre que muy seguramente aún no se acuesta con putas.

Natalia Méndez Alzate

El espectáculo del deporte (corrección)


El espectáculo del deporte (corrección)

Twitteando por segundo


Hay que aceptar que uno de los fenómenos que surge como consecuencia del internet y el uso de las redes sociales, es la creación de una fusión entre lo público y lo privado.

Los estados en Facebook se actualizan por segundo, al igual que los twitts y han resultado bastante útiles en tanto que se logra informar y denunciar de manera instantánea lo que esta pasando. Yo soy promotora numero 1 de las redes sociales y del internet. No puedo, literalmente, imaginar mi vida sin estos servicios, que considero además una nueva herramienta para hacer periodismo, llegar a personas de forma masiva y lograr mantener una audiencia informada.

Pero hay quienes hacen lo que considero un uso más bien estúpido y sin sentido de estos medios, pienso que es importante  aclarar que existe un límite, el cual aparentemente nuestro actual alcalde de Bogotá Gustavo Petro no ha logrado comprender y unido a esta encontramos a el ex presidente Alvaro Uribe.

Las polémicas de toda la discusión sobre Petro surge en torno a como el alcalde ha decidido manejar las crisis del trasmilenio y el pico y placa, y la razón por la que ha recibido las criticas mas fuertes es la supuesta destitución del alcalde de la localidad de los mártires, el seños Luis Ernesto rincón, la cual llevo a cabo vía twitter. Las criticas no solo vinieron por parte de la ciudadanía en general sino que además tuvieron presente los comentarios del procurador general de la nación, Alejandro Ordoñez quien estableció que “el derecho administrativo se enmarca en unas formalidades”  al hacer referencia a que cualquier decisión administrativa tiene que seguir un protocolo establecido y no debe llevarse a cabo por medio de una red social, a la cual tienen acceso millones de personas. Aquí es donde se ve ese mestizaje entre lo publico y lo privado, a pesar de que la destitución de una persona que ocupa un cargo publico es considerada noticia y como tal pertenece al “saber” público, el proceso de destitución de una persona debería cumplir en esencia una formalidad.

Por otro lado esta el caso del ex presidente colombiano, que al parecer padece una fuerte adicción al uso del twitter, usa este medio para comunicar absolutamente todo lo que piensa. Pero últimamente lo ha hecho como terreno para criticar a santos, es tal su fervor por realizar esta tarea que en una entrevista que le pretendía hacer el canal de televison soytv de Miami fue irrumpida numerosas veces por el ex mandatario quien sintió la urgencia de responder de manera inmediata a algunos comentarios realizados por el actual gobierno en cuanto al atentado que se le hiso el pasado 19 de mayo, al ex ministro Londoño.

Estos pienso yo, son actos en donde se violan los limites de lo publico y lo privado, y en los cuales se deja de lado las cortesías y el verdadero sentido de el actor político de mantenerse centrado en su lugar y siguiendo una especie de etiqueta.

Laura Malaver

Sin límites- nueva/audiovisual


Por: Laura C. Dulce Romero