Alfredo Molano, la cara que a Colombia le hace falta

por La hora del escarnio


Por: Alejandra Soriano W.

En Colombia hay bocas que acusan, que denuncian, que cuentan, que relatan, que ríen; hay orejas que escuchan, que toleran, que soportan; hay narices que huelen, se tapan, sobresalen y se esconden; en este país hay ojos que ven, que lloran, que se cierran, se abren y se apagan; sí, en Colombia hay de todo, pero pocas caras reúnen una boca, unas orejas, una nariz, unos ojos capaces de expresar, enfrentar y decir mucho de lo que se dice y es un secreto a voces o de contar los problemas de un país al que muchos le dan la espalda y al que Alfredo Molano Bravo le ha dado la cara, la cara completa.

Alfredo Molano puede ser esa cara porque sencillamente ha visto muchas, viajero consagrado y escritor dedicado, ha narrado el país desde los rostros que lo han vivido y que han enfrentado la violencia en regiones de Colombia poco recordadas. Sus relatos tienen el rigor académico que demandan las investigaciones y a su vez tienen toda la magia que alguien que escribe puede conocer al narrar una historia, Alfredo Molano antes de ser columnista es sociólogo, luego escritor y desde siempre colombiano, tres factores que han determinado el lugar desde donde habla y las posiciones que tiene a la hora de opinar en la columna de ‘El Espectador’, periódico en el que publica los domingos.

Sin embargo, para llegar a opinar públicamente, Molano antes tuvo que encontrar el camino para contar una historia, dice en Los años del tropel: “Pero el hecho de que hubiera encontrado el camino no equivalía a que ese, mi hallazgo, fuera recibido con los brazos abiertos por la academia, por la burocracia, por el lector de informes” (Molano, 2006, p. 11), y es que siempre le incomodó la rigurosidad de los informes, y así lo manifestaba en los resultados de las investigaciones como un escritor ansioso por narrar los testimonios de los protagonistas de otra forma. Si bien esa forma viene de un muchachito que estaba en contacto con la naturaleza en una finca en La Calera, lugar en el que nació, viene también de la facultad de sociología de la Universidad Nacional de la que se graduó en 1971 y en donde conoció a grandes amigos como Álvaro Camacho G, El abuelo, que le presentó además a quienes serían sus mentores, Camilo Torres y Orlando Fals Borda.

A Camilo Torres, lo nombra constantemente, está presente. Dirá Molano, “Yo escogí la violencia como una forma de participación, tal como le había oído decir a Camilo Torres en la facultad de sociología” (Molano, 2006, p.9), entonces, ya sabe uno desde dónde habla, su posición frente a la violencia marca todo lo que dice y lo que escribe en sus relatos sobre los Llanos orientales, La Orinoquía y La Amazonía, los lugares de sus viajes.

Esos lugares que le dan motivos para escribir y que cuando acaba un libro, lo llevan a escribir otro. En el trabajo en las regiones de Colombia, Alfredo Molano “ha sido explícito en definir su trabajo como una contribución a la historia oral del país” (Jaramillo,1999, p. 76) , en esos recorridos sus relatos son historias que tienen caras y nombres propios, personajes que han vivido la historia de Colombia en persona y que muestran los seres humanos comunes y corrientes que están detrás de conflictos como el narcotráfico, la violencia, los grupos armados, los exabruptos de las fuerzas armadas, el desplazamiento forzado, en fin los testimonios de primera mano de las minorías que sufren en rincones del país a donde se llega solo después de varios días de travesía.

Todo lo que ha dicho Molano del país que no se ve, ha traído consecuencias, entre 2001 y 2002 vivió exiliado en Barcelona y en Stanford, allí fue profesor visitante, las amenazas han sido una constante desde que decidió hablar públicamente y por eso mismo ya no les teme. “Estoy acostumbrado a las amenazas y desde cuando regresé al país no he vuelto —ni volveré— a preocuparme por el asunto. Aceptarlas es encerrarse en una cárcel estrecha y sin luz, aunque lo hace a uno sentirse una persona muy importante.” (Molano, 2012), esas amenazas, son más agresivas cuando de ser discutidas solo en términos académicos o intelectuales, pasan a ser tema de conversación de lectores de periódicos, Alfredo Molano es columnista de ‘El Espectador’ desde 1995, desde entonces tiene un público de lectores fieles y de detractores acérrimos, aplausos y chiflidos ha ganado el autor a lo largo de su carrera por sus opiniones.

Pero claro, eso ya él lo sabe. Así como hay quienes lo alaban, le dicen maestro, doctor, profesor o Alfredo a secas, hay quienes lo tildan de asesino, simpatizante de las guerrillas, colaborador de los terroristas, motosierrista y también masacrador, él mismo dice: “No pasa día en que no aparezca una columna a favor o en contra y cien reacciones, la mayoría de éstas sangrientas.” (Molano, 2012); sin embargo, ninguna amenaza ni comentario hostil, han acabado con sus ganas de escribir, de denunciar, de reclamar justicia y de contar historias que no aparecen en primera plana pero que igual son noticia.

Esas ganas de hacer que la mayoría mire hacia donde nadie, ni siquiera ve, son coherentes con la línea editorial del diario en el que sus columnas aparecen, ‘El Espectador’, que nació como un diario liberal, es el periódico que se reconoce por la seriedad de su trabajo, por su independencia, un diario que denuncia e investiga, el estilo de Alfredo Molano y lo que dice, llega a ser esa cara de lo otro, de eso de lo que habla ‘El Espectador’ cuando se auto promulga como un diario independiente.

Alfredo Molano, ha sido como columnista una molestia para figuras del poder que no se escapan de la agudeza de su pluma, sin embargo, él no habla de ellos, no cuenta sus historias, el habla de ellos a partir de lo que sus personajes le cuentan, “Por eso se me ha hecho tan difícil escribir sobre personajes importantes: no me tocan y no sufro con sus historias.” (Molano, 2012), así que él le escribe a un sector de la sociedad que cree en el cambio, que cree en la necesidad de denunciar y de conocer más de lo que no sale en los noticieros, un público que le pide más y que en sus comentarios hace observaciones extensas y ampliadas de la información que recibe, entre los foros de las columnas de Molano siempre alguien aparece alentando su labor o lamentándose porque no existan más como él.

Y así como aparecen foristas que lo acusan de guerrillero y monotemático, son muchos los comentarios que dan cuenta de lectores informados, con estadísticas que soportan o amplían la información de la columna, sus lectores cambian de acuerdo a los temas que trata, casi siempre, manifiestan su sensibilidad y un gusto por su estilo en el que siempre están presentes las figuras literarias a través de las cuales hace comparaciones y descripciones de la realidad, Maestracolombiana, una de sus lectoras de ‘El Espectador’ dice en la columna La gran manifestación: ”Don Alfredo soy muy emotiva y hoy si me hizo llorar, porque de una manera clarísima retrató a mis muchachitos como la escuela deliberante, con principios definidos hacia la defensa del país y el continente; que en su educación básica y media aprendieron a leer y a pensar. No digo más porque tengo los ojos llenos de agua. Mi afecto y mis bendiciones para sumerced y la Escuela Colombiana que tanto amo.” A esas personas les escribe Alfredo Molano, a los que todavía ven, “Si no los vemos es solo porque nos hemos vuelto ciegos a lo nuevo y ya no vemos sino lo que hemos visto y estamos acostumbrados a reconocer” (Molano, 2006, p.12).

Molano a sus 68 años, con arrugas y pelo cano, ya no viaja igual que antes, pero sí sigue denunciando y escribiendo sobre abusos de poder, sobre abusos en contra de la naturaleza y sobre la violencia en Colombia que continúa dejando saldos de afectados. Tantos años de experiencia de vida reflejada en su oficio como columnista, han determinado las características de sus columnas, ser un viajero imparable, por ejemplo, hace que en sus temas semanales casi siempre estén presentes otros lugares de la geografía nacional lejos de la capital, en lo corrido de este año, la región Caribe ha ocupado gran parte de sus denuncias, las ciudades de Cartagena y Santa Marta, el caso de Las Pavas en el sur de Bolívar; también, Casanare, Chocó y el Golfo del Urabá, de esos lugares denuncia casos de corrupción, de abandono, de ausencia de la justicia, de todo eso que pasa cuando nadie ve, ni se ocupa de esos temas.

Las columnas de Alfredo Molano tienen también un toque de ironía y sarcasmo, lo que hace que sean más polémicas y atractivas para los lectores, por lo general las columnas quedan abiertas, lo que el autor declara como un problema: “Por eso no trato de concluir. Ese problema tienen mis columnas y lo hago así para dejar el tema vivo. Cerrar ya tiene algo de moraleja y uno debe dejar que la gente sufra con lo que uno sufre.” (Molano, 2012), es muy interesante ver el reflejo de la sociedad que pueden ser las columnas de Molano, en los comentarios, los foristas no solo manifiestan su identificación con el problema sino que le piden soluciones, le preguntan qué hacer como si el pudiera resolver todo lo que está mal en este país.

Este columnista es profético y muchas veces es apocalíptico, sobre todo frente a cuestiones políticas (nombramientos, candidaturas y elecciones), en esos casos la esperanza se asoma y rápidamente se fuga, como en Paso firme, una columna en la que Molano habla sobre la medida de Petro de prohibir el porte de armas: “Para mí el mayor mérito de la medida de Petro es el intento de quitarle la fuerza material en la que se sustenta la matonería ambulante, que tiene, es cierto, una larga historia, pero que conoció sus días de gloria durante los siniestros cuatrienios de Uribe.”, el autor se debate entre creer y desconfiar en los políticos, un mal que rodea nuestra historia.

Una historia pesada como resulta muchas veces la estructura de las columnas de Alfredo Molano, que suelen ser largas y que constan en algunas ocasiones de un solo párrafo, del cual se pueden olvidar fácilmente todos los argumentos por el formato de notas que utiliza el autor al final de las columnas, en el caso de Paso firme, los foristas dan muestra de esto, la nota que se refiere al tema de los toros, anula el resto de la información, los lectores se concentran en la nota y en la posición de Molano frente a la tauromaquia, lo que genera una fuga de atención en lo que era el tema central de discusión.

Casos como el anterior, son interesantes porque hacen dudar de las intenciones del autor que en menos de la mitad de lo que ocupa la columna central logra distraer a los lectores, cuando denuncia un caso de injusticia o de corrupción la estructura es muy distinta, los párrafos son cortos y la lectura es mucho más ágil, los argumentos son de autoridad y hay cifras y testimonios que demuestran la tesis de la columna como en La administración del orden en la que habla sobre las “Bacrim”, que son el nuevo nombre que Uribe decidió poner al paramilitarismo, los argumentos de Molano, son más fuertes porque no están sentados solo sobre una opinión, sino que demuestran un trabajo más profundo de investigación, de esta manera logra persuadir mejor a los lectores que creen en la solidez de los argumentos porque no son solo opiniones sino que están soportadas por hechos.

Alfredo Molano, en lo que escribe casi siempre, sobre todo para hablar de un lugar geográfico, hace uso de recursos historiográficos que están en el siglo XIX y que ilustran un país que no ha avanzado mucho, las comparaciones con el pasado, sirven como excusa para mostrar cómo el cambio no ha sido evidente, la historia sobre colonizaciones, colonos y colonias, se repiten en sus argumentos, son lugares comunes que muchas veces son literalmente lugares, casi siempre ríos, selvas y paisajes exuberantes en Aunque la Jaula sea de oro, la imagen es clara: ” Carretera al Mar, la vía que abrió a los paisas la frontera norte de colonización.”.

Dentro del archivo de sus columnas, hay algunas que llaman la atención por su particularidad, como una en la que Alfredo Molano habla sobre las tijeras, en Tijeras, el autor habla del instrumento y termina la columna con una falacia ad ignorantiam: “Llegará el día, no muy lejano, en que vendan tijeras especializadas para abrir paquetes y también llegará el día —petición de principio o fin del mundo— en que las tijeras vengan envueltas en plásticos tan duros o tan flexibles como el himen de la Virgen Santísima que ni la tijera del Espíritu Santo pueda romper.” Un argumento que muchos pueden discutir desde la fe, pero imposible de demostrar ya que nadie puede comprobar la flexibilidad del himen de la virgen, otro tipo de falacia que se presenta en sus columnas es la Falacia post hoc como en paso firme: “Nota. Escrito lo anterior, escucho por la radio otra tesis de Petro: la plaza de toros es para espectáculos de vida y no de muerte. Quien considera la vida sin la muerte o es un farsante espiritual o es un político profesional.”, cuando el autor presenta este tipo de argumentos, sus lectores son los primeros en reclamarle, sobre todo cuando habla de toros, una posición que le ha costado muchos odios dentro de los que defienden los derechos de los animales, algunos incluso que declaran que desde que escucharon los comentarios de Molano frente a las corridas de toros lo dejaron de leer.

Así es, un hombre en todo lo que su humanidad pueda expresar, no un superhéroe ni un santo, es un simple mortal que ha querido contar la historia de otros mortales que no han tenido ni la pluma, ni los pantalones, ni la facilidad para escribir que él sí, con sus errores y aciertos, Alfredo Molano, es la cara que a Colombia le hace falta y que debería nacer más seguido para contar la historia y los problemas de un país que permanecen ausentes de las primeras páginas pero que deben seguir presentes en las voces de columnistas que no teman a dar la cara.

BIBLIOGRAFÍA

  • Molano, A. (2006). Los años del tropel. Santillana. Bogotá.
  • Jaramillo, A. (1999, Julio- diciembre), “Alfredo Molano: aproximación a su obra”, en Universitas Humanistica, Vol. 27, num. 48, pp. 74-82.
  • Molano, A. (2012, 5 de feb), “Con el sambenito puesto”, en El Espectador, Bogotá.
  • Molano, A. (2012, 7 de abr), Entrevistado por Redacción de El país, Cali.
  • Molano, A. (2012, 30 de oct), “La gran manifestación”, en El Espectador, Bogotá.
  • Molano, A. (2012, 15 de ene), “Paso firme”, en El Espectador, Bogotá.
  • Molano, A. (2012, 29 de ene), “La administración del orden”, en El Espectador, Bogotá.
  • Molano, A. (2012, 29 de abr), “Aunque la jaula sea de oro”, en El Espectador, Bogotá.
  • Molano, A. (2012, 23 de dic), “Tijeras”, en El Espectador, Bogotá.
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